sábado, 20 de enero de 2018

¿QUÉ SE SIENTE?


Todavía con la emoción y los sentimientos a flor de piel después de las últimas semanas, y sobre todo, después de mi “adiós” el pasado lunes a lo que han sido 44 años de trabajo en la misma empresa, quiero expresaros lo que siento.

Miles de veces había pensado cómo sería el último día de trabajo. Ese 15 de enero me lo había imaginado de todas las maneras posibles. ¿Cómo sería esa última bajada del ascensor que me conduciría al principio de una nueva vida?

En mis “sueños” me veía saliendo de la Bolsa llorando, o con una enorme sensación de tristeza y de vacío, o viendo como mis compañeros agitaban sus pañuelos desde las diferentes plantas.

Pensaba que saldría a la calle presa de una especie de borrachera emocional, que casi me impediría saber qué metro debería coger para regresar a casa.

¡Pero no! Nada fue como me imaginé. Me marché el lunes, casi a las cinco de la tarde. Intenté que fuera antes que mis compañeros empezaran a desfilar por el controlador reloj que extrañado me miró pensando: ¿Hoy ya no fichas? Me marché con una enorme sonrisa en los labios, y con la misma tranquilidad que si fuera a volver al día siguiente.

No hubo lágrimas, ni pañuelos, ni pancartas, y no solo lo agradecí, sino que me hizo sentir mucho más libre de lo que nunca me hubiera imaginado.

Llevaba dos días despidiéndome de todos mis compañeros. Dos días repletos de abrazos, de besos, de ojos humedecidos y de lágrimas que libremente querían demostrarme que aquellos 44 años habían valido la pena.

Dos días en que los recuerdos y las anécdotas despertaron de su letargo.

¿Te acuerdas cuando fumábamos juntos aquellos cigarrillos mentolados tan horribles? ¡Pipper!

Sí amigos, yo fui fumadora en mis años de estúpida adolescencia. Esa estupidez que te hace encender el primer cigarrillo por imitar a los demás, o porque te crees que ese será tu bautizo como “mujer fatal”

¿Te acuerdas cuando me llevaste a mi primer concierto de música clásica?

¿Te acuerdas cuando nos fichábamos unos a otros? (Eso ya no se hace. Hablo de cuarenta años atrás……. ¡Ja,ja,ja!)

¿Te acuerdas cuando fuiste a mi boda…..Al bautizo de mi primer hijo….. A la boda de ese primer hijo…?

¿Te acuerdas cuando entré, llena de miedo, y tú enseguida me acogiste y me dijiste: Tranquila. Bienvenida?

¿Te acuerdas…?

Y las vivencias escamparon a sus anchas, felices de resurgir después de tantísimos años.

No hubo despedidas a pie de calle porque, en realidad, nadie vio en mi partida un adiós, sino un: ¡Hasta luego! Porque la gente que me quiere sabe positivamente que yo seguiré estando con ellos; porque los compañeros a los que me une el vínculo de los miles de días compartidos, saben que un simple whatssap volverá a conectarme con ellos y con sus vidas.

Ayer comí con unos amigos en “petit comité”. Estuvimos en un precioso restaurante tailandés que nos gusta mucho, y en donde el mejor de los platos fue el volver a estar juntos. Mañana será una comida con muchos más amigos y compañeros, y estoy segura que las risas vencerán a las lágrimas, y la felicidad correrá como una loca por toda la larga mesa. Nos espera una buena comida vasca:  de aquellas de mojar pan.

Ahora todos me preguntan lo mismo: ¿Cómo te sientes? ¿Qué sensación tienes? ¿Es como si estuvieras de vacaciones? Y mi respuesta es la misma: Estoy en paz, sintiéndome la dueña absoluta de mi tiempo y de mi vida. Ya no hay prisas. Si algo no lo hago hoy pues…. ya lo haré mañana, o pasado. Y si en este momento me apetece más sentarme delante del ordenador a escribir esta publicación, que bajar a la frutería, pensaré:  ¿Verdad que para hoy ya tengo una manzana? Pues ya bajaré mañana a comprar las naranjas.

Por primera vez, desde que tengo uso de razón, no estoy atada a unos horarios. Horarios rigurosos de comidas mientras eres pequeño; horarios disciplinados de colegio, de instituto o de universidad. Horarios implacables desde el momento que comienzas a formar parte del mundo laboral. Horarios, horarios…

¿Y ahora?  ¿Qué pasa si en vez de a las ocho me levanto a las nueve, o si en vez de comer a las dos como a la una o a las tres? ¿Qué pasa si ceno a  las nueve o a las doce? ¿Qué pasa si la función de teatro acaba el domingo a las nueve y media? ¡Como si acaba a las dos de la madrugada! Mañana me levantaré cuando quiera. ¡Libertad!

Desde esta nueva etapa de mi vida, espero ir compartiendo con vosotros mis nuevas experiencias. Tengo muchas ganas de hacer cosas, de dedicarme con toda mi alma a lo que tanto me gusta, que es escribir, y de saborear cada minuto, porque estoy segura que no tendré la sensación que se acaba, sino que es una nota más de una  maravillosa sinfonía. La sinfonía de la vida.  











sábado, 23 de diciembre de 2017

A TODOS LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD


¿Qué se puede decir de estas fechas que no se haya dicho ya?

Gente a favor; gente en contra
Gente entusiasta; gente apática
Gente alegre; gente triste

Lo que no se puede negar es que la Navidad remueve, como una gigantesca pala, todos los cimientos de las emociones. Lástima que la mayoría de ellas estén provocadas por una devoradora sociedad consumista.

En esta fecha se produce una especie de histeria colectiva, muy bien orquestada por los medios de comunicación que, sin piedad, nos bombardean con los anuncios que a ellos les darán de comer, y en donde todos, quien más quien menos, acabaremos cayendo.

Pero a mí, lo que me sigue molestando, a pesar de los muchos años cumplidos, ya no es esta fiebre de comprar por comprar (hasta que explote la VISA), y de comer por comer (hasta que explote nuestro estómago), si no esa máscara de felicidad y de “buen rollo” que parece que todo el mundo esté obligado a colocarse en la cara, justo en el momento en que acaba de bajar la última bola premiada del Bombo de Navidad.

Naturalmente que habrá miles, millones de personas que en estas fechas serán felices porque se rodearán de los suyos o volverán a reencontrarse con quienes quieren. Por supuesto que, sobre todo en los hogares donde haya criaturas, la luz entrará a raudales por cada rincón de la casa, y el impagable sonido de la risa de un niño rebotará por las paredes. Pero… también habrá miles, millones de personas a quienes sus hogares se les llenarán de tristeza, recuerdos y melancolía, que se auto invitarán durante todas las fiestas y que en ocasiones, hasta presidirán las,  a veces,  solitarias mesas.

A todos ellos me gustaría enviarles mi cariño y mi fuerza. Decirles que no están solos, que nos son bichos raros por sentir como su corazón se atenaza al escuchar un villancico. Que ningún estudio científico ha demostrado que las personas que en estos días no rían, ni coman y beban y gasten como locos, o estén sentados en una mesa con veinte comensales más, pertenecen a un colectivo de “enfermedades raras”.

Yo mañana no tendré que pedir a ningún vecino que me preste una silla, ni tendré que poner un anexo a la mesa del comedor, ni comprobaré horrorizada que me faltan platos de la misma vajilla. Pero, sin embargo,  sé que mañana, tanto mi hermana como yo, aparcaremos las preocupaciones o las penas o los dolores, de aquí de allá, en el rellano de la escalera, y la cena estará llena de armonía, junto con nuestros tres queridos perros.

Sé que todo estará muy rico. Sé que no habrá conversaciones incómodas (como presiento que ocurrirá en muchas mesas este año). Sé que cualquier regalo, aunque sean unos calcetines de los chinos, provocaran un: ¡Oh que bonitos! Sé que, como mi hermana tenga la noche inspirada, acabaré con un ataque de risa.

Porque, a veces, para ser feliz no hace falta cantidad si no calidad.

Amigos, gracias por seguir a mi lado. Os siento muy cerca. Hagamos todos un brindis “virtual” y pidamos que, ni mañana ni ningún día, nadie se sienta, ni solo, ni mucho menos abandonado por una sociedad a la que el sufrimiento ajeno parece que  le produce urticaria.

Os quiero mucho.



¡Feliz Navidad! Bon Nadal!

viernes, 8 de diciembre de 2017

Y BEXONTE SE VISTE DE LARGO


Me tiene loca. No hay otro tema de conversación. A todas horas. Yo creo que ni duerme. Y yo, en el fondo, le entiendo y simplemente intento transmitirle calma y decirle (además estoy segura) que todo va a salir muy bien y que su presentación en sociedad va a ser un éxito.

Mi Bexonte se viste de largo.

Imaginaros la ilusión que tengo, como madre de la criatura que soy. Han sido muchos meses de trabajo, de robarle las horas a mi vida, de exprimir al máximo el tiempo. Han sido dos años y medio de ir viendo como crecía, como se iba desarrollando, como iban sucediéndole todo tipo de  aventuras, como iba cambiando.

Han sido dos años y medio de no quitármelo de la cabeza. Dos años y medio de ir a todas partes acompañada por él, porque en el momento más inesperado, o tan vez más inoportuno, me venía la luz de una frase, o de cómo acabar una escena, o de cómo desarrollar con más fuerza un diálogo.

Ha sido un largo embarazo del que parecía que nunca iba a acabar saliendo la criatura. Y por fin…..¡aquí está! Ha salido decidido, potente y con ganas de comerse el mundo.

Y yo, como cualquier madre, mirando a los ojos de las personas que lo van teniendo en sus manos. Intentando averiguar las primeras impresiones; ansiosa de esos primeros comentarios. Yo sé que mi niño es guapo pero… ¿pensarán lo mismo los demás?

Y mi niño está gustando. Y mis expectativas se están cumpliendo. Y lo que yo quería transmitir con él, lo estoy logrando.

Tengo muchas ganas de que llegue el día 12. No os voy a negar que estoy nerviosa, pero intento que él no se dé cuenta. Es su momento. Es el momento de explicar quién es; es el momento de que todos los protagonistas dejen por un rato sus cálidas y confortables páginas y salgan del libro para que todo el mundo los conozca. Es el momento de que ellos expliquen qué sienten y cómo viven. Es el momento de que noten el calor del público que después se colará discretamente en sus vidas.

Un libro vive a través de los ojos que se deslizan por sus letras.

Me gustaría el día 12 estar radiante, espléndida, comunicadora. Ser una buena anfitriona de la fiesta.

Todas las presentaciones tienen una gran carga de ilusión y de emoción, pero posiblemente, para mí, la del próximo martes sea la más especial de todas.

Ojalá pueda rodearme de muchos amigos, y ojalá pueda dar muchos abrazos. Soy la embajadora de mis personajes  y en su nombre, tengo que dar las gracias.


 Sí…Bexonte, la aldea sin cobertura, ¡ya está aquí y os espera!



sábado, 4 de noviembre de 2017

LLAMADME IDIOTA


Llamadme ilusa, soñadora, idealista, optimista, o llamadme directamente idiota, pero pensaba que, al menos, durante unos días, iba a volver la medio normalidad a  nuestras vidas.

Pensaba que los sencillos ciudadanos de a pie, los políticos y los mandatarios, íbamos a centrarnos en prepararnos para una fecha importante (impuesta o no), en la que todos podremos manifestar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos.

Pensaba que iba a haber una tregua de acusaciones, descalificaciones e insultos. Pensaba que, como en Fuenteovejuna, íbamos a ir todos a una, dentro de nuestro colectivo ideológico, y el trabajo en equipo y el respeto iba a saltar por encima de los extremismos.

Pensaba que podría volver a poner la televisión, y reencontrarme con programaciones variadas e informativos que me informaran de lo pasaba en TODO el mundo.

Pensaba que podría volver a encender la radio, sin tener que ir  saltando de dial en dial hasta encontrar un poco de música, o unos programas que trataran de todos los temas pero desde la calma y la imparcialidad.

Pensaba que podría volver a escuchar a la gente por la calle hablando de futbol. El otro día me enteré que el Barça  iba ya a 8 puntos del Real Madrid. En otra época, esto hubiera sido todo un acontecimiento.

Pensaba que podría retomar las conversaciones tranquilas con mis amigos, sin temor a que nadie sacara el monotema y alguno se enzarzara en acaloradas discusiones.

Pensaba….. pero no. Nuevamente volvemos a estar con el alma en un puño. Nuevamente caceroladas; nuevamente manifestaciones; nuevamente enfrentamientos; nuevamente divisiones; nuevamente la economía, que se encoge como el caracol que le tocan los cuernos.

No voy a entrar en las últimas decisiones de la justicia. Creo que la clase política que en este momento está privada de libertad física, sabía lo que hacía y a lo que se podía enfrentar. Estoy convencida que sus excelentes abogados les habrán ido informando, día a día, de las consecuencias que podrían tener sus palabras y sus actos y, aun así, han decidido libremente seguir adelante.

Creo que, como en las grandes batallas, el “capitán” tenía que haber ido al frente de su tropa, y haberse arriesgado a ser  el primero en recibir una bala por defender a sus soldados.

Pero también creo que hay muchos sinvergüenzas, ladrones, estafadores y maleantes que siguen tranquilamente haciendo su vida normal en Catalunya, en el resto de España y fuera de ella. ¿Por qué me suena Ginebra….. será por la bebida? Delincuentes que con su libertad, no solo se burlan de la justicia, sino que se ríen de los “pringados” que, por no tener las espaldas tan cubiertas como ellos (vaya usted a saber por quién y por qué),  acaban con sus huesos en un celda de 11 metros cuadrados.

En mi mundo de Alicia en el País de las Maravillas, solo tendrían que existir las cárceles (que no nos olvidemos, pagamos entre todos con nuestros impuestos), para  los que han cometido algún delito de sangre. Todos los que han robado, de una manera o de otra, con guante blanco o con las manos sucias, deberían estar obligados a devolver todo el dinero sustraído, o defraudado más una multa sustanciosa que iría a parar directamente a servicios sociales, y si no lo depositaran, entonces sí, entrarían directamente en la prisión, sin ningún tipo de ventajas ni reducción de las penas hasta que no lo hubieran devuelto todo.

En ese mundo imaginario, las cárceles no tendrían que albergar a nadie por sus tendencias o creencias políticas. Si con ellas hubieran causado algún daño material o económico, que fueran fuertemente sancionados, y si habían puesto en peligro la estabilidad ciudadana, que fueran retirados de la carrera política.

Pero mientras todo esto no pase de una pura ensoñación, yo también me sentiré presa, porque los acontecimientos, provocados por unos y por otros, han invadido violentamente mi vida, privándome de la libertad de sentirme tranquila en una sociedad donde, hasta hace muy poco, intentábamos luchar juntos contra otros terribles enemigos, que siguen ahí, y a los que parece que ya nadie teme.

Libertad para todos los presos injustamente encarcelados.


 



sábado, 21 de octubre de 2017

GALICIA, LÁGRIMAS DE FUEGO



Para ambientarme en mi nueva novela, he estado durante muchos meses imbuida dentro de Galicia. De la Galicia de tierra adentro; de las carreteras surcadas entre montañas; de las aldeas perdidas entre bosques; de la naturaleza en estado puro.

Miles de personas han mostrado su indignación e impotencia a través de los medios de comunicación. Cientos de plumas, mucho mejores que la mía,  han manifestado su estupor y su tristeza.

Aunque la vida transcurre en medio de una vorágine, en donde lo ocurrido ayer ya no es noticia hoy, y en donde lo único que parece importar es el acontecimiento que marca el momento,mi corazón ante una tragedia así, se siente vacío.

 Cuando en la televisión comentaban que había habido que lamentar en Galicia la muerte de cuatro personas,  yo pensé: cuatro personas que han muerto físicamente, pero ¿cuántas han muerto anímicamente? ¿A cuántas se les ha abrasado el alma?

Personas que se han roto al ver que sus animales, los que les daban de comer, o los que tenían durmiendo a sus pies al lado de la chimenea, han muerto porque no han podido rescatarlos a tiempo, y que se torturarán una y mil veces recordando las imágenes de sus vacas, o caballos o corderos mirándolas aterrorizados, mientras a ellas las sacaban corriendo de la casa para poder salvar sus vidas. Vidas que quizás, a más de uno no le hubiera importado perderla, si con ello les hubiera ayudado a soltarse de sus cuerdas, o a atenazar el pánico que les paralizaba las patas, impidiéndoles salir huyendo hacia la libertad.

Personas que jamás volverán a encontrar la paz, acordándose de sus casas invadidas por las llamas, lamiendo con sus abrasadoras lenguas todos los recuerdos y esfuerzos de una vida.

Personas a las que se les ha incrustado en su retina, las montañas iluminadas de amarillo, mientras un demonio rojo iba devastando, palmo a palmo, sus campos y unos árboles a los que tantos años les habían costado crecer.

Me es igual por qué ha ocurrido. Ya de nada sirven los insultos y las recriminaciones. No alivia saber que todo ha sido culpa de un agricultor ignorante que pensaba que controlaba la quema de sus rastrojos, sin darse cuenta que el viento es libre y caprichoso. No alivia saber que hay políticos a quienes recriminar la falta de previsión o el exceso de confianza. No alivia pensar que todo ha sido producto de un demente, que se quedó hechizado ante el brillo de una llama. Ya nada alivia porque no escarmentaremos, y de aquí unos meses, o unos años, volveremos a ver las mismas imágenes y volveremos a buscar los mismos culpables.

Por más que queramos imaginarnos como es el drama de quienes lo han perdido todo, no podemos pasar de unas sensaciones de empatía. Y lo peor es la impotencia de pensar que quien ha arruinado sus vidas, quien ha destrozado sus corazones, quien ha asesinado a tantos seres “inferiores” indefensos, no es otro que el propio ser humano que, sabiendo el daño que iba a causar, no le ha temblado la mano en provocar a una naturaleza, que sigue sin comprender, como el hombre continúa considerándose el rey de la creación.

 Quiero dejaros con la canción que se ha convertido en el himno de esta maravillosa tierra. Quiero dejaros con este poema de Rosalía de Castro, donde las sombras llevan con ellas el dolor y la tristeza.


Todo o meu agarimo a unha terra máxica onde, estou segura, que as boas meigas axudasen a que todo renaza de novo.



viernes, 13 de octubre de 2017

BORJA AYBAR ¡PERDÓNANOS!


¿Hasta dónde es capaz de llegar la maldad humana? ¿Hasta dónde la ignorancia? ¿Hasta dónde somos capaces de dejarnos manipular?

Estoy escribiendo esta publicación si haber abierto mi Facebook y mi Twitter. Espero, y deseo de todo corazón, que ninguna persona de las que tengo como amistades o contactos, haya escrito, o haya compartido, ningún comentario en torno a la muerte del aviador Borja Aybar, más allá de para manifestar la pena o, como mínimo, el respeto.

Creo que estoy rodeada, o me he dejado rodear por gente buena, por eso, estoy convencida que la denuncia que quiero plasmar en este blog (que arde de indignación), no va para nadie  conocido.

A mí, las celebraciones del 12 de octubre me avergüenzan. Jamás entenderé que exista una fecha para conmemorar una de las mayores masacres de la humanidad.

Como tampoco entenderé ese despliegue militar que tanto recuerda  a otros temidos tiempos.

¿Para cuándo un desfile de médicos, o de panaderos, o de amas de casa?

No comprendo ese alarde de fuerzas armadas, aéreas y de tierra; de esos cientos de hombres y mujeres uniformados desfilando a paso ligero, o ligerísimo, según la Compañía, por las pacíficas calles de la ciudad anfitriona.

Ya sabemos que están. Ya sabemos que nos protegerán. ¡Ya está! Muchas gracias.

Intencionadamente obvio la familia real…. y el séquito político que la rodea.

No soy de darme golpes patrios en el pecho, ni duermo abrazada a una bandera (de ninguna clase), sin embargo, que existan personas cuya vida basura, les haya empujado a burlarse, ridiculizar y ensañarse con la vida de un hombre de 34 años que, posiblemente, haya muerto para evitar la muerte de otras personas, me revuelve las entrañas.

Puedes creer o no; puedes estar a favor del ejército o no; puedes comulgar con una ideología o con otra. Todo es lícito porque para eso somos libres, pero ¿quién te crees que eres para mofarte de una tragedia?

¡Cuánto daño están haciendo las redes sociales!

Cuánta  gente anodina, gris y frustrada se sienten “alguien” consiguiendo unos cuantos “me gusta”  ¡Que grande soy!

Borja Aybar, no sé quien eras, aunque leo que tu expediente era intachable. Ojalá, allá donde estés, te permitan enviar un poco de consuelo  a quienes se han quedado sumidos en la más absoluta desolación.

Perdónanos a todos. A quienes, por el simple hecho de ver sus vomitivas palabras escritas en algún sitio que no sea en un rollo de papel de wáter, se creen importantes, y a los que, en algún momento, hemos contribuido a que se lo creyeran.

Espero que tu pequeño bebé crezca lejos de esta mediocridad, y estoy segura que llevará toda su vida, el orgullo de haber tenido un padre que pensó en los demás antes que en el mismo.


Descansa en paz.

sábado, 7 de octubre de 2017

¿NOS TOMAMOS UN RESPIRO?


¡Ay, latinos de sangre caliente:vehementes, viscerales y apasionados!

¡Ay, hombres y mujeres, siempre dispuestos para la batalla!

Pero, ante todo... ¡ay,benditas cabezas pensantes que intentan hacer valer el raciocinio, que puede apagar todos los fuegos!

A mis familiares, amigos, compañeros y conocidos; a todas esas personas que formáis parte de mi mundo, directa o indirectamente, os digo más que nunca: ¡Vamos a vivir la vida, que se la llevan!

Esta mañana, paseando con Nina por un recorrido entre las huertas que están a cinco minutos de mi casa, y que me consiguen desconectar de todo, me ha entrado una especie de “subidón”.  Se me ha llenado el corazón de energía y me he sentido muy pequeña, pero a la vez muy grande.

¿Me ha tocado la lotería? ¿Me he probado la falda del año pasado y me queda grande? ¿Ya nadie habla de política? No, no, amigos, simplemente me he dado cuenta que estaba vida.

¡Vaya chorrada!, pensaran algunos; vivos estamos todos. ¿Seguro? ¿Todos los que estamos vivos, estamos vivos? ¿Todos nos damos cuenta de lo que tenemos, de lo bueno que nos rodea, de los privilegios que nos acompañan desde que abrimos los ojos?

Para que, quizás, me entendáis mejor, os diré que el otoño, no es solo mi estación favorita, sino que es la estación donde renazco.

Mientras Nina disfrutaba yendo suelta y parándose un millón de veces ante cualquier cosa que le llamara la atención, yo iba llenándome los pulmones de “verde”.

He descubierto unas flores silvestre con el color lila más espectacular que he visto en mi vida. Os mandaré una foto.

Luego me he quedado fascinada con una especie de frutos, como minúsculos balones de rugby, con una apariencia terrorífica porque estaban rodeados de espinas, para que nadie los tocara, pero que si lo haces te das cuenta que son espinas blanditas que no pinchan. El pobre fruto tiene miedo que le hagan daño y se protege, pero necesita una caricia. (Como tantos seres humanos)

Y después me he vuelto a encontrar con  unas plantas muy, muy altas y flexibles que están a ambos lados del camino, y que cuando hace viento se inclinan, casi hasta tocar el suelo, en una especie de saludo, al que yo siempre le correspondo con un: ¡Graaaacias!, y Nina con una medio estampida, porque todavía tiene miedo.

Amigos ¡estoy viva! ¡Estamos vivos!

       Podemos ver, oír, andar, tocar, saborear, oler. Podemos pensar, y nosotros, y solamente nosotros, somos dueños de nuestras emociones, y solo nosotros decidimos si seguimos almacenando odio, rencor y frustraciones, o nos abrimos y damos a manos llenas todo el amor que llevamos dentro.


Es sábado, en este momento el sol entra hasta el comedor de mi casa, mis dos “muchachas” están durmiendo relajadas después de sus paseos, y yo estoy escuchando algo que quiero compartir con vosotros.

Es una de las arias de ópera más célebres, y creo que la más corta: Amor ti vieta, de Fedora (Giordano), cantada por la voz, para mí, más extraordinaria que ha habido: Jaume Aragall.

El aria viene a decir que, a veces en el amor, los labios callan lo que los ojos hablan.

      Un abrazo otoñal a todos.