sábado, 9 de septiembre de 2017

¿TENEMOS QUE VIVIR OTRO ATENTADO?


Como se suele decir: ¡qué poco dura la alegría en la casa del pobre!

Aquel 17 de agosto no hubo, por supuesto, ninguna alegría, pero por unos momentos, por unas horas, por uno o dos días, dejamos todos de mirarnos el ombligo y miramos a los ojos de los que teníamos al lado, intentando dar lo mejor de nosotros.

Por unas horas no sentí que era ni catalana, ni riojana, ni española; era una persona unida por el sentimiento, la fuerza y las ganas de luchar contra un cobarde y mortal enemigo.

Por muy pocas horas las ideologías se aparcaron y los reiterativos discursos dieron paso a una sola y unánime voz.

Por muy pocas horas los medios de comunicación descansaron del mántrico rezo: Urnas, referéndum, independencia, leyes, prohibición, amenazas…..

Por muy pocas horas porque, cuando todavía los cuerpos de las desgraciadas víctimas inocentes estaban casi calientes, comenzaron a salir las acusaciones  y las recriminaciones entre unos y otros, y a enarbolarse unas banderas que tendrían que haber permanecido mudas y guardadas en el sótano más profundo. Ni esteladas ni banderas españolas. Solo la bandera de la Paz.

   Me indignó y me produjo una enorme tristeza ver que en la manifestación, que era para demostrar que nadie tenía miedo y que todos estábamos unidos y, sobretodo, para rendir homenaje a las personas que habían perdido absurdamente la vida bajo las ruedas de aquel demente,  se empezaron a mostrar eslóganes que nada tenían que ver con lo que la había motivado.

 Todo se ha olvidado. Se acabaron las buenas formas; se acabaron las buenas intenciones.

A partir del ahora en Catalunya y en España parece que no va a haber más noticia que lo que vaya a ocurrir el próximo 1 de octubre.

No sé vosotros, pero yo estoy absolutamente agotada de esta guerra de guerrillas entre los de aquí y los de allá. Creo que ya lo de menos es pensar para quien están gobernando. Ha llegado un momento en que ni unos ni otros escuchan al pueblo. Ahora todo se basa en una pelea de gallos a ver quién da el picotazo final.

Me aterroriza pensar que si no me meto en una burbuja, cierro la radio, la televisión, no leo periódicos, y no salgo de casa, voy a tener que desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar con:

-      Va a haber referéndum
-      No lo va a haber
-      Voy a poner las urnas
-      No las vas a poner
-      Pues paso de lo que digáis
-      Pues vendrá la Guardia Civil
-      Pues se encontraran con los Mossos
-      Pues os meteremos a todos en la cárcel
-      Pues ¡qué bien! nos encontraremos con vuestros compañeros.

Que lástima que el remar todos a una, respetando las ideas y dejando opinar libremente, sin censuras ni miedos, haya durado lo que ha durado la imagen de las gotas de sangre en nuestras retinas.

Un beso a todos.




sábado, 19 de agosto de 2017

MI AMADA BARCELONA… YO SÍ TENGO MIEDO


No me importa en absoluto reconocerlo y no creo que el hacerlo me convierta en una mujer menos fuerte.

Sé que tengo miedo porque el pasado 17 de agosto lo tuve ¡y mucho!

Cuando me encontré rodeada de gente que corría y gritaba aterrorizada, yo también corrí. En momentos de pánico y de confusión el sentido común y el raciocinio quedan totalmente anulados. Aún así, supongo que por la curiosidad innata que todos llevamos en la sangre, me paré un segundo y me volví. No había ninguna furgoneta blanca avanzando por mitad de la calle pero ¿y si venían uno o varios terroristas  a pie disparando o acuchillando? No sería la primera vez.

Vi el cielo abierto en forma de Banco de Santander y a unos ángeles vestidos de guardias de seguridad, que abrieron las puertas blindadas del banco (a esa hora por supuesto cerradas) y nos indicaron que entráramos rápidamente en el recinto.

Mi agradecimiento también desde aquí,  a toda la buena gente que protegió en sus establecimientos a los cientos de personas que iban de un lado a otro sin saber dónde guarecerse.

Sí, tuve miedo y reconozco que en aquellos momentos lo único que pensé fue: ¿Dónde me esconderé si llegan a entrar?

Pero en estas situaciones el espíritu de solidaridad salta  por encima de cualquier egoísmo. Con la mejor de mis sonrisas ayudé a calmar a un matrimonio extranjero que lloraban en estado de shock junto con sus dos hijos. Acaricié a los pequeños y con primitivos gestos les explique que allí estábamos seguros, que los vigilantes estaban en la puerta ya cerrada y que esta era automática y no podría pasar nadie (así me auto convencía a mi misma)

La mujer me sonrió y el marido me hizo un tímido gesto con el pulgar hacia arriba.

A mi lado una chica se puso en cuclillas y espontáneamente me cogió la mano. Yo se la apreté guiñándole un ojo y ella me sorprendió diciéndome con una voz casi inaudible: ¿Quieres un caramelo?

Tengo miedo sí, y no es desde el jueves. Todos los barceloneses llevábamos demasiado tiempo con el presentimiento de que algo iba a pasar, más tarde o más temprano. Barcelona es un bombón demasiado sabroso para demasiadas bocas repugnantemente sucias. 

Y tengo miedo porque no nos enfrentamos a un enemigo visible del que puedes intuir su estrategia. Nos enfrentamos a un trozo de carne dirigido y manipulado desde lejos, como si de un robot se tratase. Un trozo de carne que la única leche que ha mamado ha sido la del odio. Un trozo de carne al que le han hecho creer  que para salir de su mierda de vida en su mierda de mundo, debe ser un héroe.

Un trozo de carne que no se da cuenta (porque la carne no piensa) que matando a personas inocentes y absolutamente anónimas no solucionará nada ¡Imbécil!

Pero ¿sabéis también de que tengo miedo?: de mi propia hipocresía.

Este acto terrorista, obviamente, me ha afectado hasta lo más hondo de mi alma pero ¿y las otras veces?

Cuando leo en el periódico o veo en la televisión que “los buenos” para matar a unos “malos” han tirado una bomba al lado de colegio y han matado a 80 niños, o que “los buenos” para destruir un arsenal de “los malos” han lanzado un misil que, porque estaban cerca (también es mala suerte) han destrozado a cientos, miles de seres desprotegidos y víctimas del olvido, pienso: ¡Ostras! y rápidamente paso la página o cambio de cadena porque no quiero amargarme el desayuno o la cena.

Y es que la muerte, en esos países tan lejanos y con esos idiomas tan raros y esas otras religiones…..como que no hace el mismo daño ¿verdad?

Mi querida Barcelona, (mi segunda tierra), posiblemente sea bueno seguir teniendo miedo porque eso hará que estemos más alertas pero, te aseguro, que mi vida va a seguir siendo la misma y voy a seguir paseando por tus calles y gritando a los cuatro vientos: ¡Qué bonita eres!

  

sábado, 22 de julio de 2017

EL BLOG CUMPLE 100 PUBLICACIONES ¡GRACIAS A TODOS!


Cuando allá por septiembre del 2015 asome tímidamente la nariz por un mundo absolutamente desconocido para mí como es el bloguero, no me hubiera imaginado que llegaría a escribir 100 publicaciones, o mejor dicho, 100 historias. Desde enero del año pasado, cada semana hemos estado compartiendo  juntos todo tipo de situaciones, y siempre he encontrado vuestra complicidad y, sobretodo, vuestro inmenso cariño.

Gracias infinitas a todos los lectores que me han hecho llegar sus comentarios: unos (los más decididos) dejándolos plasmados en las redes sociales, y otros a través de métodos más confidenciales. Gracias por regalarme cosas tan maravillosas como:

v Estoy esperando al sábado por la tarde para leer tu blog
v Me da rabia reconocer que… estoy enganchado a tu blog
v Me gusta tomarme el café del domingo por la mañana leyendo lo que has publicado esa semana
v Gracias a tu blog he vuelto a leer
v Cada publicación es una pequeña novela

 Me llena de una alegría enorme que me digáis que, muchas veces, mis historias han servido para poner voz a vuestros pensamientos.

Ahora voy a descansar un poquito (que no quiere decir que si necesito contaros algo lo haga), porque hay que coger fuerzas antes que se me acaben los temas. ¡Ja,ja,ja!

100 publicaciones han dado para mucho. Desde el poder que una sonrisa ejerció en aquella mendiga huraña, hasta mi reivindicación de que no todo se acaba en Agosto. Lo del blog ha sido por casualidad (matemática pura).

Han habido cantos a la naturaleza: a las flores como el hibisco,  a los pájaros que cantan de madrugada o a las olas del mar que me esperaban en vacaciones.

Han habido recuerdos para seres que, en realidad, no necesitan que nadie los recuerde porque jamás de irán de nuestra memoria y de nuestro corazón; pequeños homenajes a queridas personas que se han hecho más mayores; alegrías por amigos que vencen a las dificultades.

Publicaciones en las que he desnudado mi alma (a modo de terapia), y en donde he reconocido que alguna vez estuve enamorada y…tal vez lo añore, o que me deprime la primavera, o que no me gusta la Navidad, pero que  la llegada de los Reyes Magos me sigue convirtiendo en una niña.

Publicaciones en las que me ha salido toda la rebeldía y he intentado lanzar a los cuatro vientos que no soporto la violencia, el incivismo y la prepotencia.

Publicaciones en las que ha quedado claro que amo a los animales.

Publicaciones que han querido hablar de sueños, de luchas y de conquistas.

Publicaciones en las que he compartido con todos vosotros la alegría de mis libros y la esperanza de que sigáis a mi lado cuando, muy prontito,  salga el próximo.

Publicaciones en las que, con todo mi respeto,  he intentado solidarizarme con los que sufren enfermedades canallas como la Fibromialgia o el ELA.

Publicaciones, en fin, que lo único que han pretendido ha sido acercarme más a todos vosotros contándoos la vida tal y como la veo…¡tal y como la vivo!

 Muchas personas me han dicho que por qué no hago un libro con todos los relatos del blog. ¡No estaría mal! Pero la verdad es que gracias a las  nuevas tecnologías con solo poner en cualquier buscador: “Vamos Lakatos”…. ¡ahí que aparezco!

Os animo a que sigáis leyéndolo; a que volváis a navegar por las historias porque, con el pasar del tiempo, “saben” diferentes.


Un beso muy grande amigos y hasta muy pronto. Prometo llegar como un vendaval.

sábado, 15 de julio de 2017

¡HEY! QUE EN AGOSTO SIGO EXISTIENDO




Aunque todavía faltan dos semanas para llegar al mes (junto con diciembre), más famoso del año, el ambiente ya se está caldeando (nunca mejor dicho)


Miles de personas llevan todo el año esperando el mes número 8. Ya sabéis que para las civilizaciones orientales, sobretodo la china, el 8/8 es una fecha mágica en donde las mujeres adelantan los partos, los novios deciden casarse, y los enfermos parece que se mueren con más alegría, porque les espera mucha más suerte en el más allá.

Agosto es el mes por excelencia de las vacaciones. El mes de desconectar de la rutina diaria; el mes de  perder de vista a las personas que llevas once meses soportando;  el mes de…..

El mes desgraciado para las personas que seguimos trabajando o, sencillamente, no salimos de vacaciones.

El mes en el que el día a día se convierte en un auténtico viacrucis. 

Desde que abrimos los ojos por la mañana, nos encontramos con que nuestro programa de radio/televisión, que durante todo el año nos ha ido acompañando y dando los buenos días, o no se emite, o han cogido sus riendas otros presentadores que cambian por completo el ritmo, con la puñetera manía de hacerlo  “más veraniego”.

Si intentamos desplazarnos en coche por la ciudad, nos vamos encontrando con calles en obras y calles cortadas que aprovechan a ponerlo todo patas arriba porque..."Como en Agosto no hay nadie"

   Si no nos queda otra que coger los transportes públicos, tendremos que armarnos de toda la paciencia que le sobró al santo Job para no acabar con un ataque de nervios al ver que, ya no es que pasen con menor asiduidad, es que la mitad de la plantilla se ha ido a plantar la sombrilla a la playa. Eso si no nos informan que tal trozo de linea de metro no funcionará en todo Agosto por mejoras. "Habrá un servicio de autobuses que...."  ¡Ya!

Y por supuesto…no nos pongamos enfermo. ¡Ah no! Ni se te ocurra tener el antojo de sufrir una apendicitis. ¡También los hay caprichosos!  Quirófanos que, como me confirmó el otro día un especialista, desde julio llevan la mitad cerrados; consultas que ya, directamente, te dan hora para septiembre (y estoy hablando de Mutuas; la Seguridad Social: ni te cuento), y si te dan hora para este mes de agosto, te encontrarás con médicos sustitutos (o que sustituyen al sustituto) que, no dudo que sean muy buenos y tengan mucha experiencia, pero alguno de ellos dan ganas de dar media vuelta y decirles: "Ay, lo siento me he confundido, pensaba que era la consulta de la que echaba las cartas….."

Por la ciudad, nos vemos invadidos y atropellados por los miles y miles de turistas que vagan, algunos como almas en pena, medio derretidos. Las terrazas todas llenas, los restaurantes todos llenos; las playas a punto de instalar la modalidad de poner un súper mega expendedor de números a la entrada, e ir dándolos a medida que los ansiosos bañistas vayan pisando la arena.

Si estamos en nuestro barrio, la mitad de las tiendas las encontraremos cerradas, lo que nos va a obligar, inexorablemente,  a ir a comprar el pan a aquella panadería en la que no hemos puesto el pié en todo el año y en la que nos vamos a encontrar con la medio sonrisita de la dependienta que nos dará la barra con recelo, como echándonos en cara: "Ahora vienes ¿eh? porque no te queda otra"

Las series de televisión, a las que nos hemos enganchado, en parón hasta septiembre; los programas de interés, sustituidos por programas frescos (o sea, intrascendentes); las películas de los cines, justitas para cubrir el expediente, esperando los grandes estrenos para cuando ”estemos todos”.

En fin amigos, que si sois también vosotros una de las millones de personas que se van a despertar a la misma hora de siempre y van a intentar hacer las mismas cosas del resto del año, ¡mucho ánimo! De aquí nada (porque el tiempo vuela) ya volveremos a la normalidad y cuando “estemos todos” a lo mejor nos toca decir: 

Ahí os quedáis, que ahora quien se va ¡soy yo!


    

sábado, 8 de julio de 2017

LOS SANFERMINES…..¡NO SÉ QUÉ DECIR!

Estoy segura que esta fiesta, considerada por muchos como la más famosa de España y, sin duda alguna,  como la mediáticamente más seguida en todo el mundo, es algo más que borracheras, gente tirada de madrugada por el suelo, incapaces de saber ni quiénes son, abusos de todas clases y un continuado maltrato a los animales.

Estoy segura que en los Sanfermines habrán conciertos, obras de teatro, exposiciones, desfiles, cabalgatas, ferias….

Estoy segura que en los Sanfermines las calles de Pamplona se llenarán de familias con niños disfrutando de la magia de los circos, de las atracciones y  de los espectáculos callejeros.

Estoy segura que en los Sanfermines miles de personas cantarán,  bailarán y se reirán, pero sin perder de vista el respeto a los demás.

Estoy segura que en los Sanfermines las mujeres jóvenes podrán ir tranquilamente por las calles riendo y luciendo sus (quien los pillara) maravillosos veinte o treinta años, sin que nadie intente aprovecharse de ellas.

Estoy segura que en los Sanfermines los grupos de chicos jóvenes harán el loco, se desinhibirán y guardarán un imborrable recuerdo, que les acompañará toda su vida, pero que acabarán el día yendo a dormir agotados a sus camas, en vez de hacerlo tirados en un banco, o directamente en urgencias con un coma etílico.

Estoy segura, pero... ¿dónde están esas imágenes? ¿Por qué todo lo que se transmite desde la capital navarra son escenas de inseguridad, de falta de civismo y de delirio colectivo?

Sé de muchas personas pamplonicas que cuando llegan estos días  cogen sus trastos y se marchan fuera de la ciudad.

Posiblemente, porque la barrera de los veinte años la pasé hace tantos que a veces dudo hasta que los tuviera alguna vez, no me imagino en medio de esas mareas de personas, invadiendo cada centímetro de plazas y calles, descontroladas y con la botella o vaso de cualquier tipo de alcohol, fundida en su mano hasta que se  escuche el “Pobre de mí”

Me parece muy triste que las imágenes que dan la vuelta al mundo, sean las de unos pobres toros asustados corriendo entre miles de seres extraños, que les gritan mientras les obligan a ir detrás de unos cabestros por unas estrechas calles, para desembocar en una plaza donde, al cabo de unas horas, serán torturados hasta morir entre los aplausos y risas.

Me parece vergonzoso que en todos los reportajes que se hacen en las distintas televisiones, días antes del chupinazo, entrevistando a los jóvenes que van llegando a la ciudad, quede de manifiesto que, para la gran mayoría, la única idea que tienen en la cabeza es: "Venimos a vivir a tope y a ponernos hasta el culo de todo”

En uno de estos reportajes, una chica, que no debía tener más de dieciséis o diecisiete años,  confesaba que eran sus primeros Sanfermines, y reconocía (riéndose), que en su casa sus padres se habían quedado muy preocupados. 

Me parece increíble esos extranjeros, sobretodo americanos (intentando emular a su gran compatriota, y embajador número uno de estas fiestas: Ernest Hemingway), que no teniendo ni idea en dónde se meten, ni estando en las mejores condiciones físicas, pongan en peligro la vida de corredores expertos en una carrera en la que hay que tener, algo más que un periódico en la mano.

No sé amigos, me encantaría que alguien que haya vivido los Sanfermines de cerca, me explicara esa parte de la fiesta que no interesa a los medios de comunicación.

Ojalá San Fermín escuche la oración que le cantan los mozos cada mañana:

“A san Fermín le pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición”

        Y yo añadiría, a San Fermín le pedimos que reine la concordia, la alegría y la compostura, y que eche su manto protector sobre los pobres animales que, para que miles de humanos se diviertan, van a sufrir el peor día de sus vidas.


Un beso a todos y, una semana más, gracias por compartir este rato conmigo.

sábado, 1 de julio de 2017

EL TRISTE CANTO DEL PÁJARO DE MADRUGADA

Me gusta despertarme con el canto de los pájaros. Me llena de energía pasar del mundo de los sueños al mundo real, acompañada por los trinos de los cientos de pajaritos que se juntan en un enorme árbol que tengo delante de mi casa.  En el silencio de la madrugada, sus “conversaciones” se convierten en  un clamor de vida que llena, con el mágico y majestuoso sonido de la naturaleza, cada rincón de la calle.

Es la época en que se sienten más felices. Ya no amenaza el duro frío del invierno con helar sus plumitas. Ya pueden ir volando de un árbol a otro descansando en las frondosas ramas llenas de verdes hojas que les protegerán de la lluvia. Ya pueden proclamar a los cuatro vientos que están enamorados y esperar ansiosos la llegada de los destinatarios de ese amor. Cantan o pían o gorgojean con toda la fuerza que sus pequeñas gargantas les permiten.

Pero dentro de ese matinal concierto sinfónico, escucho siempre un “músico” en especial, cuyo canto destaca sobre  todos los demás. Tiene una voz potente, con un timbre agudo. Me imagino a este pajarito separado del resto; en otras ramas o en otro árbol. La melodía que sale de su diminuto cuerpo es triste, casi como un lamento. Alarga la nota hasta dejarla morir y tras un mínimo respiro, vuelve a emitirla. Una vez, otra vez, otra vez……

Quizás sea un reclamo para buscar compañera;  quizás sea un aviso al hostil mundo que tiene por abajo; quizás cante para aplacar su propia soledad…

¡La soledad!: gran amiga si la buscas; terrible enemiga si te encuentra.

A los 20, 30, 40 o 50 años, la  soledad es una palabra en la que nadie piensa. Se ve tan lejana que su significado se desvanece. “Yo nunca estaré solo; tengo mis padres, mis abuelos, mis hermanos, mis amigos, mis compañeros….”

 Cuando escuchamos hablar de personas que, al cerrar la puerta de sus casas, hasta el timbre permanece en un despiadado silencio; cuando de vez en cuando los noticiarios reservan dos escasos minutos para contar un nuevo caso del hallazgo de alguien que ha muerto en soledad, y que hasta que el olor no ha dado la voz de alarma, nadie ha echado de menos, nos auto convencemos….. ¡A mí nunca me pasará esto!

La soledad, a medida que nos vamos haciendo mayores, va achicando su cerco.

Siempre he pregonado algo que no es cierto: “Me gusta la soledad; disfruto con ella”. No, en realidad, no sé lo que es (y ojalá nunca lo sepa). La soledad no estar solo: es sentirse solo.

Yo estoy rodeada de personas que me hacen sentir viva. Dentro de mi casa me esperan mis dos perras, con las que jamás me puedo sentir sola (quien tiene mascotas me comprenderá). Sé que tengo la gente que me quiere que no dejará pasar un día sin enviarme, aunque no sea mas que un simple mensaje, esperado mi contestación. Tengo una vida interior rica que me llena cada minuto. Tal vez debería cambiar ese: “Me gusta la soledad” por  “Me gusta estar independiente”

Hay un cartel en el metro, que colocaron por una campaña de Navidad, que me impresionó muchísimo y lo sigue haciendo cada vez que lo miro.

 Una señora muy mayor de 92 años, está delante de la ventana de su casa. Mira nostálgica al infinito con un gesto abatido. El cartel traduce sus pensamientos: “Nunca hubiera imaginado que lo peor de hacerse mayor fuera la soledad”

Una terrible soledad que costaría tan poco mitigarla…. ¿No os habéis dado cuenta de la necesidad que tienen las personas mayores de hablar? Son tantas horas de silencio dentro de sus hogares que cuando salen a la calle están sedientos de una conversación, por pequeña y banal que sea. Hablar y ser escuchados.

El martes por la mañana fui a una frutería y mientras estaba mirando unos plátanos una señora se me colocó al lado. Nos miramos, ella me sonrió y yo le devolví la sonrisa. Extrañamente tenía unos ojos claros preciosos. Ahora es normal que casi todos los chiquillos tengan los ojos claros, pero encontrar personas muy mayores con los ojos azules o verdes no es tan usual. Como vi que seguía mirándome le comenté que no me acababan de convencer los plátanos porque estaban verdes y a mí me gustaban más maduros.

Este simple comentario le dio pie para contarme todo su historial clínico (era diabética) y explicarme lo que quiso a su marido, que había fallecido hacía diez años, lo felices que fueron, y hasta la fruta que le gustaba y que ella se la preparaba troceadita en el plato. Me contó que vivieron casi media vida con su suegra pero que ella la cuidó como si fuera su propia madre y que su marido siempre se lo agradeció. Que para ella sola con una pieza  de fruta tenía bastante, pero que cuando sus hijos o sus nietos le avisaban que irían a verla, compraba hasta un melón o una sandia entera. “No vienen mucho”, se le escapó mientras distraidamente comprobaba la dureza de una manzana.

¡Qué monstruoso puede llegar a convertirse el ser humano cuando algo le estorba! Hoy 1 de julio, comienzo de vacaciones para millones de personas, empezará “la temporada” en que más de una puerta de un coche se abrirá en una gasolinera, para que el confiado perrito de la familia baje un momento, cerrándose después ante el terror de quien no entenderá qué ha hecho mal para que su coche se aleje sin él.

“La temporada” en que más de un hospital recibirá la visita en urgencias de una familia con el abuelo de turno que se ha puesto malísimo, y…. “Ya vendremos”

Yo tengo muchísimo defectos, con el tiempo los he ido reconociendo todos, pero hay uno que sé que no tengo (quizás por propia pereza) y es el rencor. Cuánta energía y cuánta vida te quita estar atormentándote siempre con lo que te hicieron y pensando en cómo devolverlo. Sin embargo espero, si hay alguien por ahí arriba, que todas estas personas que abandonan seres indefensos que lo han dado todo, simplemente porque “fastidian las vacaciones” se encuentren algún día con el mismo pago.

Mis queridos amigos, si podemos, contribuyamos a mitigar la soledad, aunque no sea más que con una sonrisa, con una caricia, o con algo tan sencillo como escuchar a esa señora en la frutería.


Ayudemos a que el pajarito de madrugada sepa que no está solo. 

sábado, 24 de junio de 2017

¿DÓNDE ESTÁ LA GRACIA DE LOS PETARDOS?

      
    Hoy es San Juan. Son las doce de la mañana. Estoy en mi casa con las puertas de la terraza abiertas, intentando escribir y no puedo concentrarme. Cada dos por tres doy un bote en la silla porque en la calle continúan  tirando petardos.

        Me imagino que son los que han sobrado de esta noche/madrugada,  o los que han dejado adrede apartados para seguir jodiendo a las pobres personas a las que el estallido, sin más ni más, de un cacharro de estos, hace que se nos dispare el corazón.

Tal vez la sensación de ser tú quien controlas cuándo vas a provocar un ruido ensordecedor que va a asustar a todo el que pase por tu lado, produce una emoción incomparable. 

A mí me encantan los fuegos artificiales, me emocionan las bengalas y cuando era niña he jugado muchísimo con aquellas tiras de pequeños petarditos que rascabas en la pared y hacías círculos con el brazo mientras iban explotando en una pequeña e inofensiva traca.

He tenido que aguantar, porque no me queda otra, que esta pasada noche de verbena la gente haya salido a la calle y durante tres horas hayan estado encendiendo todo tipo de artilugios. 

        Entiendo que son fiestas y tradiciones, pero…. un ratito ¿vale?

Todo lo que sea provocar un estruendo a las cuatro, las cinco o las seis de la madrugada en lugares rodeados de casas, en donde se supone que habitan personas que, quizás…. quieran descansar, sabiendo el sobresalto terrible que les vas a dar, se llama de dos maneras (podrían ser mas): falta de respeto e incivismo o lo que es lo mismo: "Gamberrismo"

        Y ya no hablemos de otras consecuencias colaterales como el colapso en urgencias para atender quemaduras y hasta amputaciones  de dedos, (hoy los noticiarios han dicho que casi la mitad de los atendidos ayer eran menores).

       Y naturalmente, no nos olvidemos de la situación de pánico horroroso por la que tienen que pasar miles de animales. La noche donde más  mascotas mueren (por ataques al corazón)  o se escapan aterrorizadas.

¿Por qué algunas diversiones tienen que basarse en fastidiar al prójimo?

Para esta noche hay celebraciones muy llamativas y especiales, como las mismas hogueras, el pisado de las brasas, las  bajadas de troncos encendidos, el baño en playa para tener suerte durante el año, las cocas…. 

El escándalo y desinhibición suelen ir de la mano del alcohol. ¿Cuántas personas habrán llegado hoy a sus casas con una borrachera de la que todavía ahora no se habrán podido despegar?

Como desde ayer a las seis de la tarde la pobre  y aterrorizada Nina no había hecho pipí  (la intenté bajar a las 10 de la noche y fue imposible hacerla salir del portal), esta mañana a las seis y cuarto me he despertado y en un cuarto de hora estábamos en la calle.

Lógicamente me he ido encontrando con los que regresaban de las verbenas. Algunos venían con cara de sueño o de cansancio, otros en plan patosillos dándole la paliza al amigo de turno, y otros, sobretodo chicas, que no sabían ni por donde caminaban.

Me he cruzado con tres crías que no debían tener más de dieciséis o diecisiete años. Vestidas de forma.... no sabría muy bien como describirlo; dejémoslo en: "provocativa". Dos de ellas iban sosteniendo a una tercera que literalmente se iba cayendo. Cuando he pasado por su lado se me han quedado mirando, con esa mirada descentrada típica de la  embriaguez, y se han echado a reír como tres histéricas (hombre, ya sé que yo sin maquillar pierdo mucho, pero tampoco era para tanto).  Me han dado mucha pena, y me han dado mucha pena sus padres que seguro que habrán estado toda la noche en alerta.

Tal vez haya quien, leyendo este blog, piense que estoy amargada, que no sé disfrutar de la vida, que todo me molesta, y que si quiero vivir en un mundo sin ruidos y sin excesos me vaya a algún monasterio en el Tibet. ¡Puede que tengan razón! Creo que pedirle a esta sociedad que piense, solo un poquito más, en el otro es una auténtica utopía.   

Muchos besos a todos y en especial a todos los que hoy celebran su santo. 

Moltes felicitats Joan.