sábado, 10 de febrero de 2018

DOCTOR, ¿ME RECETA ALGO PARA EL VIGOR SEXUAL?




A veces me dicen que cómo pudo tener tanta imaginación, y que de dónde saco el argumento para tantas historias, y yo siempre contesto lo mismo: “De la propia vida”

He encontrado algo más fascinante todavía, que las personas que llaman a los teléfonos de esos programas esotéricos que, aparte de costarles un riñón: “Si lo acierto, lo adivino”

Programas que a veces es difícil de creer que sean reales y no producto de alguna broma.

·        A usted le operaron de apendicitis ¿verdad?
·        Pues…no
·     Sí, sí, piense, piense un poco. A usted le operaron de apendicitis hace unos años.
·        Pues…..no
·        Bueno, pues… ¡le operarán!

Y se quedan más anchos que largos, mientras que la pobre persona, que a lo mejor ha llamado para ver si su vecina le va a hacer más caso, acaba esperando, día tras día, a que le llegue ese agudo dolor que lo llevará directamente al hospital.

Pues lo que os decía, hay otro tipo de programas radiofónicos más subrealistas: las consultas médicas.

En el fondo, el común denominador de ambos programas, como de muchos otros donde los radioyentes se convierten en protagonistas, no es otro que la soledad, las ganas de hablar con alguien, de que les escuchen y hasta a veces de escucharse ellos mismos.

·        Josefa, por favor, baje un poco el volumen de la radio que se acopla….

Las consultas médicas de las radios, la mayoría,  son una propaganda continua de una serie de productos, generalmente, de un solo laboratorio. Productos sin contraindicaciones, que no perjudican para nada y que curan en dos días. No, esto no es verdad; en dos días no curan porque todos los tratamientos suelen ser de efecto muy muy prolongado.

El prototipo de los pacientes que llaman, son señoras que han cruzado ya el umbral de los 70 años. Señoras sufridoras, la gran mayoría, de las mismas dolencias: dolores en las rodillas, piernas, brazos, estados nerviosos, insomnio, etc,etc.

 A todas ellas el doctor les receta lo mismo, con lo que más de una se podría evitar la llamada (gratuita, espero), si no fuera porque cada una de ellas cree que su dolor de cervicales es diferente al de los demás. (Mucho mayor)

Lo genial se produce a la hora de las recetas; una especie de diálogo de besugos que se crea entre médico y paciente.

·        Se tiene que tomar una cápsula tres veces al día de Flogaten
·        Frosa… ¿qué?
·        Flogaten
·        ¿Fropapen?
·        No (interviene cortante la locutora que lleva el espacio, porque el tiempo se acaba y quedan más llamadas) FLOGATEN
·        A ver, un momento que me lo apunto bien. FRO…
·        No….FLO…..FLOGATEN

Y yo, comida por nervios, me pregunto, ¿no sería más fácil decirles…?

·        Mire, tome nota: Efe, ele, o, ge, a, te, e ene. FLOGATEN

Y cuando por fin la pobre señora ha apuntado, seguramente lo que la habrá dado la gana, obviamente, ya no se acuerda de cuántas pastilllas tiene que tomarse.

·        Y me ha dicho que me tome una pastilla al día ¿verdad?
·        ¡No! Tres cápsulas al día.
·        ¡Ah! tres al día. Y ¿cuándo?
·        Antes de cada comida.
·        ¡Ah! Muy bien. Así que: tres cápsulas al día, antes de las comidas, de FROTAPEL. Muchas gracias doctor, y enhorabuena por el programa.
    
El otro día llamó una señora que, por el problema que expuso, supongo que tendría cerca de 60 años. Estaba angustiada y su voz sonaba casi llorosa.

Tenía menopausia. Llevaba más de tres meses sin saber lo que era descansar por las noches. Con unos sofocos horribles, un malestar general, se sentía inflada, aunque casi no comía, y estaba a punto de la depresión.

El doctor le recetó unos comprimidos que serían mano de santo. Eso sí, debía tomárselos con constancia. Cuanta más constancia, más dinero para el laboratorio.

Cuando la señora menopausiática acabó de apuntar, y agradecer al doctor sus consejos, le dijo:

·        Un momento que le paso a mi marido.

A veces hacen un “dos por uno”.

Y se puso el marido, tras aclararse estrepitosamente la garganta.

·        Buenas tardes doctor
·        Buenas tardes, dígame
·        Pues vera…querría que me mandara algo para…reforzar...

Silencio en las ondas

·        Para reforzar…bueno… el ánimo y…(ahí estaba el quid de la cuestión) el vigor sexual.

Nuevo silencio

·        Sí, a ver…rompió la tensión el doctor, ¿para tener más apetito sexual, o para ayudar a una mejor erección?

¡Toma ya!

·        ¡No, no! reaccionó de inmediato el señor, pensando que su erección no tenía ningún problema. Para reforzar el apetito sexual

La maquinaria estaba en perfecto estado; solo le faltaba la gasolina

·        Pues mire, ha de tomar dos viales de….

Y yo me quedé alucinada pensando: Si la mujer acaba de decir que estaba a punto de tirarse por la ventana, presa de los sofocos y el agotamiento de no descansar, ¿para qué quiere el marido reforzar su virilidad? ¿Podría ser que fuera para ella y no se había atrevido a pedirlo? O ¿es para él para “usarlo” con otra persona que no será su esposa? ¡Ah! de aquí sale un nuevo libro.

Si amigos, la vida es una fuente de inspiración continua, porque cada uno de nosotros podemos protagonizar una novela.

A pesar de lo que aquí he contado, yo soy una fan de la radio. ¿Qué haríamos sin ella? ¿Cuántos de nosotros, lo primero que hacemos al levantarnos es encenderla? 

Pero ojalá no hiciera falta ese “click” para escuchar algún sonido más que el de nuestro propio corazón. Ojalá la radio solo fuera una suave melodía que acompañara nuestras horas, y no el único acompañante de ellas.

Un beso a todos y tomaros cada mañana una cápsula de:


EFE- E –ELE- I -CE –I- DE –A- DE.

sábado, 3 de febrero de 2018

ROSITA LAGUNA GUIU

Querida abuela, tal día como hoy, 3 de febrero (San Blas), naciste hace… no sé cuántos años. Pero bueno, eso no se recuerda a una dama.

No podías haber nacido otro día más señalado para lo que luego fue tu vida y tu gran pasión: la música y el canto.

San Blas es el protector de la garganta, a quienes todos los cantantes, en un momento u otro, nos hemos dirigido  suplicantes  ante una inoportuna afonía.

Mamá siempre contaba que tú antes de cantar te quedabas completamente sin voz. ¡Miedo escénico! dicen ahora. Y en el momento que  pisabas las tablas de un escenario, o salías a una sala de conciertos… ¡et voilà!, la voz aparecía: diáfana, trasparente y cristalina.

En Lucia de Lammemmour de Donizetti.
No creo que tuviera más de  18 años
Dicen que tenías una extraordinaria voz de soprano ligera. Esas sopranos que se ganan la ovación del público tras escuchar, con las respiraciones contenidas, toda una serie de malabares vocales que acaban con un sobre agudo, ante el que ningún otro tipo de voz puede competir.

 Mi querida abuela, me hubiera gustado conocerte entonces, cuando estabas exultante y pletórica.

Me apasiona tu historia, que tantas veces me contó mamá. Yo creo que siempre lo hizo con admiración y sobretodo, con respeto; con mucho respeto. Quizás demasiado respeto.

Tu procedencia, de una familia de la pequeña burguesía catalana de finales del siglo XIX, te marcó tu carácter.

Sé que tu madre fue muy rígida contigo. Me la imagino como la típica “señora” que ante todo había que guardar las formas, y demostrar la “clase” a la cual pertenecíais.

Esa burguesía en donde hablar catalán estaba prohibida porque solo era para la gente de clase baja.

Venancio Alonso Ruiz. Mi abuelo.
Y te fuiste a topar con el abuelo Venancio.

Yo creo que os enamorasteis, en aquella sesión musical donde tú cantabas y él acudió,  supongo que acompañando a algún amigo, casi recién llegado de Logroño, porque erais muy distintos.

El abuelo llegó a Barcelona para seguir aprendiendo periodismo (o como me llamara entonces). Contaban como anécdota que lo primero que hizo nada más llegar, fue entrar en un estanco y pedir: “Un cèntim de tabac”, con su catalán/riojano.

Mi abuelo, a pesar de provenir de una pequeña ciudad, fue siempre un hombre de mundo.

Supongo que aquellos fueron los mejores años de tu vida. Tenías tu carrera, tu voz en pleno auge, el amor de un hombre, que te amó hasta el último día de su vida, y en unos pocos años, la alegría de una hija, que te adoró hasta su último suspiro.

Abuela, no debió ser fácil para ti dejarlo todo y marcharte tras el hombre que habías elegido como esposo. No debió ser fácil dejar tu familia, tu querida Barcelona y el lugar donde podías haber seguido triunfando, para irte a un Logroño de hace casi 90 años. Una pequeña capital de provincia… muy provincia.

Seguro que allí, más de una noche, añorarías escuchar ese catalán prohibido.

La música, junto con el inmenso amor del abuelo y de mamá, te ayudaron a levantar el vuelo de las ilusiones.

En una obra de Miguel Echegaray.
La foto está firmada por él, agradeciéndole
su maravillosa interpretación de Rosalia.
Lo que daría por poder estar en aquellas representaciones de ópera, y sobretodo de zarzuela, de la compañía lírica de aficionados (CLA), en donde “aterrizaste” como una auténtica diva.

Lo que daría por quedarme entre bambalinas y verte actuar. Además de una gran cantante, sé que eras una extraordinaria actriz.

Mi querida abuela, a veces recrimino a la vida que me haya robado tantos momentos felices de mi infancia.

Tal vez mi visión de niña deformó un poco la realidad,  pero mis imágenes infantiles están casi siempre envueltas en un fino velo de tristeza.

 Sé que tanto a mi hermana como a mí nos quisiste mucho, igual que el abuelo. Que sufriste por todos, y que ese sufrimiento, posiblemente,  acabó agotando tus recuerdos.

Querida abuela, allí donde estés, estoy segura que eres feliz, porque estarás rodeada de todos los tuyos. Como también estoy segura que me ves y me cuidas.

¡Ay esa nieta pequeñaja y ocho mesina de la que casi nadie daba un duro cuando nació, y que se agarró a la vida gracias a la leche condensada! ¡Ja,ja,ja. ¡Toda una historia!

Esa nieta, un poco agitanada, tímida, reservada, siempre detrás de su hermana, o de las faldas de su madre. Esa nieta de ojos grandes que miraba todo con curiosidad. Esa nieta, abuela, se ha hecho mayor. ¡Muy mayor! Casi te alcanzo. De aquí nada entraré en el selecto club de la tercera edad.

Mi querida abuela, ¡felicidades! Hoy te sentiré más cerca que nunca. Disfruta mucho de ese mundo blanco, sin estupideces humanas, sin violencia, sin enfermedades, y sin ese ancestral miedo aterrador que nos da ese temido camino hacia el final, que en realidad, no es más que el final de un ciclo. ¿En qué ciclo estas tú ahora?

Dale un beso a mamá y al abuelo, y tú llévate el mayor de todos.

Moltes felicitats, àvia!












sábado, 27 de enero de 2018

MI PRIMERA SEMANA DE PRE-JUBILETA


Esta ha sido mi primera semana entera disfrutando de mi nueva vida. 

La semana pasada acabó de la manera más extraordinaria que pudiera imaginarme. 25 amigos (23 físicamente) unidos, llenos de alegría y de ilusión,  dejando muy claro que para ellos, tanto Andreu, como Juan como yo (los tres “abuelos”), formábamos parte ya de sus vidas. Formábamos parte ya de sus historias. 23 compañeros /amigos que nos hicieron esperar en la puerta del restaurante mientras ellos se preparaban dentro, inflando globos donde se podía ver entre ensoñadoras palmeras la frase “Feliz jubilación”. 23 trocitos de nuestras almas que se colocaron cada uno de ellos una careta, con la cara de cada uno de nosotros tres, y nos hicieron la ola en medio de risas y aplausos.

Amigos que se dejaron la imaginación (y el dinero) en hacernos unos extraordinarios regalos, pero lo más importante, donde los besos y los abrazos dados, no de refilón, sino de aquellos que te aprietan y no te sueltan, quisieron acallar los conatos de lágrimas que a veces es tan difícil controlar. No era día para llorar, era día para reír.

¡OS QUIERO!
La foto que comparto con vosotros, y espero que nadie se moleste, la tengo en mi casa, en un sitio de honor.

Doy gracias a la vida por muchísimas cosas, y una de ellas es por haber conseguido que personas, con un abanico de edad tan amplio que abarcaba desde los 25 hasta los 62 años, me miraran con un inmenso cariño y emoción y me llamaran “amiga”.

¿Cómo no voy a estar orgullosa? ¡Me salgo!

Esta primera semana está sirviendo para centrarme un poquito más y para ir aterrizando de esa nube a la que me subí el 13 de noviembre, cuando me propusieron desde las altas esferas de la empresa: ¿Te interesaría una jubilación anticipada?

¿Qué si me interesaría? Quedaba muy mal decirles en aquel momento que llevaba un año esperando esa pregunta. Aunque sé que sabían mi vida, mis aficiones y compartían con ilusión mis proyectos, intenté no echarme encima del director de Recursos Humanos y darle un beso, por aquello de que no pensara que estaba zumbada, pero vamos….poco me faltó.

Y ya han pasado dos meses….¡Es alucinante!

Cuando me despierto por la mañana y hago ese rápido repaso a las cosas más o menos “programadas” para ese día, me entra una especie de vértigo al darme cuenta que lo que estoy viviendo no es un sueño; que aquello que veía tan sumamente lejano hacía unos años, tan imposible de que llegara, ¡ya está aquí!

Y ¿sabéis qué?  Pues que ahora que tengo todo el tiempo del mundo, me vuela casi más que antes.

Todo tiene su lógica. De entrada queridos amigos (no es por daros envidia a más de uno y más de dos) pero me levanto casi tres horas más tarde de lo que llevaba haciendo años y años. Cuando abro un ojo, miro desafiante el despertador (el mudo despertador), y veo que son las cinco y media de la madrugada, ya no lanzo desesperada: ¡Ay no, que me queda solo un cuarto de hora! si no que sonrío maliciosamente, me doy media vuelta y le digo: “Pringao, olvídame”

También hay que reconocer que voy a otro ritmo. Ya no me paso el día como el corre-caminos, haciendo dos o tres cosas a la vez y sin dejar de  mirar el reloj.

Ya no le meto prisa a Nina para que haga sus cosas más rápida, y acelere un poco ese paso de leona, que tanto disfruto ahora.

Ya no le transmito a Maià ese nerviosismo que tanto intentaba disimular. Y si su pasito es lento o inseguro, porque ya no ve los obstáculos, yo también voy despacio, y como dos abuelitas nos paramos en el sol dejando que nos acaricie con esos maravillosos rayos del invierno.

  Y si un amigo me llama por teléfono no dejo que suene  porque no tengo tiempo de contestarle, si no que me siento en el sofá y sonrío cuando me pregunta tímidamente: ¿Tienes tiempo?

Esta semana he hecho muchas cosas, y espero la que viene contaros, sobretodo unas entrevistas que tengo para informarme sobre el mundo del voluntariado.  

Un beso a todos y si hace tiempo que tenéis pendiente esa llamada o ese mensaje a un  ser querido, sentaros en el sofá y marcar un número. ¡Venga, que hoy es sábado!