sábado, 21 de octubre de 2017

GALICIA, LÁGRIMAS DE FUEGO



Para ambientarme en mi nueva novela, he estado durante muchos meses imbuida dentro de Galicia. De la Galicia de tierra adentro; de las carreteras surcadas entre montañas; de las aldeas perdidas entre bosques; de la naturaleza en estado puro.

Miles de personas han mostrado su indignación e impotencia a través de los medios de comunicación. Cientos de plumas, mucho mejores que la mía,  han manifestado su estupor y su tristeza.

Aunque la vida transcurre en medio de una vorágine, en donde lo ocurrido ayer ya no es noticia hoy, y en donde lo único que parece importar es el acontecimiento que marca el momento,mi corazón ante una tragedia así, se siente vacío.

 Cuando en la televisión comentaban que había habido que lamentar en Galicia la muerte de cuatro personas,  yo pensé: cuatro personas que han muerto físicamente, pero ¿cuántas han muerto anímicamente? ¿A cuántas se les ha abrasado el alma?

Personas que se han roto al ver que sus animales, los que les daban de comer, o los que tenían durmiendo a sus pies al lado de la chimenea, han muerto porque no han podido rescatarlos a tiempo, y que se torturarán una y mil veces recordando las imágenes de sus vacas, o caballos o corderos mirándolas aterrorizados, mientras a ellas las sacaban corriendo de la casa para poder salvar sus vidas. Vidas que quizás, a más de uno no le hubiera importado perderla, si con ello les hubiera ayudado a soltarse de sus cuerdas, o a atenazar el pánico que les paralizaba las patas, impidiéndoles salir huyendo hacia la libertad.

Personas que jamás volverán a encontrar la paz, acordándose de sus casas invadidas por las llamas, lamiendo con sus abrasadoras lenguas todos los recuerdos y esfuerzos de una vida.

Personas a las que se les ha incrustado en su retina, las montañas iluminadas de amarillo, mientras un demonio rojo iba devastando, palmo a palmo, sus campos y unos árboles a los que tantos años les habían costado crecer.

Me es igual por qué ha ocurrido. Ya de nada sirven los insultos y las recriminaciones. No alivia saber que todo ha sido culpa de un agricultor ignorante que pensaba que controlaba la quema de sus rastrojos, sin darse cuenta que el viento es libre y caprichoso. No alivia saber que hay políticos a quienes recriminar la falta de previsión o el exceso de confianza. No alivia pensar que todo ha sido producto de un demente, que se quedó hechizado ante el brillo de una llama. Ya nada alivia porque no escarmentaremos, y de aquí unos meses, o unos años, volveremos a ver las mismas imágenes y volveremos a buscar los mismos culpables.

Por más que queramos imaginarnos como es el drama de quienes lo han perdido todo, no podemos pasar de unas sensaciones de empatía. Y lo peor es la impotencia de pensar que quien ha arruinado sus vidas, quien ha destrozado sus corazones, quien ha asesinado a tantos seres “inferiores” indefensos, no es otro que el propio ser humano que, sabiendo el daño que iba a causar, no le ha temblado la mano en provocar a una naturaleza, que sigue sin comprender, como el hombre continúa considerándose el rey de la creación.

 Quiero dejaros con la canción que se ha convertido en el himno de esta maravillosa tierra. Quiero dejaros con este poema de Rosalía de Castro, donde las sombras llevan con ellas el dolor y la tristeza.


Todo o meu agarimo a unha terra máxica onde, estou segura, que as boas meigas axudasen a que todo renaza de novo.



viernes, 13 de octubre de 2017

BORJA AYBAR ¡PERDÓNANOS!


¿Hasta dónde es capaz de llegar la maldad humana? ¿Hasta dónde la ignorancia? ¿Hasta dónde somos capaces de dejarnos manipular?

Estoy escribiendo esta publicación si haber abierto mi Facebook y mi Twitter. Espero, y deseo de todo corazón, que ninguna persona de las que tengo como amistades o contactos, haya escrito, o haya compartido, ningún comentario en torno a la muerte del aviador Borja Aybar, más allá de para manifestar la pena o, como mínimo, el respeto.

Creo que estoy rodeada, o me he dejado rodear por gente buena, por eso, estoy convencida que la denuncia que quiero plasmar en este blog (que arde de indignación), no va para nadie  conocido.

A mí, las celebraciones del 12 de octubre me avergüenzan. Jamás entenderé que exista una fecha para conmemorar una de las mayores masacres de la humanidad.

Como tampoco entenderé ese despliegue militar que tanto recuerda  a otros temidos tiempos.

¿Para cuándo un desfile de médicos, o de panaderos, o de amas de casa?

No comprendo ese alarde de fuerzas armadas, aéreas y de tierra; de esos cientos de hombres y mujeres uniformados desfilando a paso ligero, o ligerísimo, según la Compañía, por las pacíficas calles de la ciudad anfitriona.

Ya sabemos que están. Ya sabemos que nos protegerán. ¡Ya está! Muchas gracias.

Intencionadamente obvio la familia real…. y el séquito político que la rodea.

No soy de darme golpes patrios en el pecho, ni duermo abrazada a una bandera (de ninguna clase), sin embargo, que existan personas cuya vida basura, les haya empujado a burlarse, ridiculizar y ensañarse con la vida de un hombre de 34 años que, posiblemente, haya muerto para evitar la muerte de otras personas, me revuelve las entrañas.

Puedes creer o no; puedes estar a favor del ejército o no; puedes comulgar con una ideología o con otra. Todo es lícito porque para eso somos libres, pero ¿quién te crees que eres para mofarte de una tragedia?

¡Cuánto daño están haciendo las redes sociales!

Cuánta  gente anodina, gris y frustrada se sienten “alguien” consiguiendo unos cuantos “me gusta”  ¡Que grande soy!

Borja Aybar, no sé quien eras, aunque leo que tu expediente era intachable. Ojalá, allá donde estés, te permitan enviar un poco de consuelo  a quienes se han quedado sumidos en la más absoluta desolación.

Perdónanos a todos. A quienes, por el simple hecho de ver sus vomitivas palabras escritas en algún sitio que no sea en un rollo de papel de wáter, se creen importantes, y a los que, en algún momento, hemos contribuido a que se lo creyeran.

Espero que tu pequeño bebé crezca lejos de esta mediocridad, y estoy segura que llevará toda su vida, el orgullo de haber tenido un padre que pensó en los demás antes que en el mismo.


Descansa en paz.

sábado, 7 de octubre de 2017

¿NOS TOMAMOS UN RESPIRO?


¡Ay, latinos de sangre caliente:vehementes, viscerales y apasionados!

¡Ay, hombres y mujeres, siempre dispuestos para la batalla!

Pero, ante todo... ¡ay,benditas cabezas pensantes que intentan hacer valer el raciocinio, que puede apagar todos los fuegos!

A mis familiares, amigos, compañeros y conocidos; a todas esas personas que formáis parte de mi mundo, directa o indirectamente, os digo más que nunca: ¡Vamos a vivir la vida, que se la llevan!

Esta mañana, paseando con Nina por un recorrido entre las huertas que están a cinco minutos de mi casa, y que me consiguen desconectar de todo, me ha entrado una especie de “subidón”.  Se me ha llenado el corazón de energía y me he sentido muy pequeña, pero a la vez muy grande.

¿Me ha tocado la lotería? ¿Me he probado la falda del año pasado y me queda grande? ¿Ya nadie habla de política? No, no, amigos, simplemente me he dado cuenta que estaba vida.

¡Vaya chorrada!, pensaran algunos; vivos estamos todos. ¿Seguro? ¿Todos los que estamos vivos, estamos vivos? ¿Todos nos damos cuenta de lo que tenemos, de lo bueno que nos rodea, de los privilegios que nos acompañan desde que abrimos los ojos?

Para que, quizás, me entendáis mejor, os diré que el otoño, no es solo mi estación favorita, sino que es la estación donde renazco.

Mientras Nina disfrutaba yendo suelta y parándose un millón de veces ante cualquier cosa que le llamara la atención, yo iba llenándome los pulmones de “verde”.

He descubierto unas flores silvestre con el color lila más espectacular que he visto en mi vida. Os mandaré una foto.

Luego me he quedado fascinada con una especie de frutos, como minúsculos balones de rugby, con una apariencia terrorífica porque estaban rodeados de espinas, para que nadie los tocara, pero que si lo haces te das cuenta que son espinas blanditas que no pinchan. El pobre fruto tiene miedo que le hagan daño y se protege, pero necesita una caricia. (Como tantos seres humanos)

Y después me he vuelto a encontrar con  unas plantas muy, muy altas y flexibles que están a ambos lados del camino, y que cuando hace viento se inclinan, casi hasta tocar el suelo, en una especie de saludo, al que yo siempre le correspondo con un: ¡Graaaacias!, y Nina con una medio estampida, porque todavía tiene miedo.

Amigos ¡estoy viva! ¡Estamos vivos!

       Podemos ver, oír, andar, tocar, saborear, oler. Podemos pensar, y nosotros, y solamente nosotros, somos dueños de nuestras emociones, y solo nosotros decidimos si seguimos almacenando odio, rencor y frustraciones, o nos abrimos y damos a manos llenas todo el amor que llevamos dentro.


Es sábado, en este momento el sol entra hasta el comedor de mi casa, mis dos “muchachas” están durmiendo relajadas después de sus paseos, y yo estoy escuchando algo que quiero compartir con vosotros.

Es una de las arias de ópera más célebres, y creo que la más corta: Amor ti vieta, de Fedora (Giordano), cantada por la voz, para mí, más extraordinaria que ha habido: Jaume Aragall.

El aria viene a decir que, a veces en el amor, los labios callan lo que los ojos hablan.

      Un abrazo otoñal a todos.  

sábado, 9 de septiembre de 2017

¿TENEMOS QUE VIVIR OTRO ATENTADO?


Como se suele decir: ¡qué poco dura la alegría en la casa del pobre!

Aquel 17 de agosto no hubo, por supuesto, ninguna alegría, pero por unos momentos, por unas horas, por uno o dos días, dejamos todos de mirarnos el ombligo y miramos a los ojos de los que teníamos al lado, intentando dar lo mejor de nosotros.

Por unas horas no sentí que era ni catalana, ni riojana, ni española; era una persona unida por el sentimiento, la fuerza y las ganas de luchar contra un cobarde y mortal enemigo.

Por muy pocas horas las ideologías se aparcaron y los reiterativos discursos dieron paso a una sola y unánime voz.

Por muy pocas horas los medios de comunicación descansaron del mántrico rezo: Urnas, referéndum, independencia, leyes, prohibición, amenazas…..

Por muy pocas horas porque, cuando todavía los cuerpos de las desgraciadas víctimas inocentes estaban casi calientes, comenzaron a salir las acusaciones  y las recriminaciones entre unos y otros, y a enarbolarse unas banderas que tendrían que haber permanecido mudas y guardadas en el sótano más profundo. Ni esteladas ni banderas españolas. Solo la bandera de la Paz.

   Me indignó y me produjo una enorme tristeza ver que en la manifestación, que era para demostrar que nadie tenía miedo y que todos estábamos unidos y, sobretodo, para rendir homenaje a las personas que habían perdido absurdamente la vida bajo las ruedas de aquel demente,  se empezaron a mostrar eslóganes que nada tenían que ver con lo que la había motivado.

 Todo se ha olvidado. Se acabaron las buenas formas; se acabaron las buenas intenciones.

A partir del ahora en Catalunya y en España parece que no va a haber más noticia que lo que vaya a ocurrir el próximo 1 de octubre.

No sé vosotros, pero yo estoy absolutamente agotada de esta guerra de guerrillas entre los de aquí y los de allá. Creo que ya lo de menos es pensar para quien están gobernando. Ha llegado un momento en que ni unos ni otros escuchan al pueblo. Ahora todo se basa en una pelea de gallos a ver quién da el picotazo final.

Me aterroriza pensar que si no me meto en una burbuja, cierro la radio, la televisión, no leo periódicos, y no salgo de casa, voy a tener que desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar con:

-      Va a haber referéndum
-      No lo va a haber
-      Voy a poner las urnas
-      No las vas a poner
-      Pues paso de lo que digáis
-      Pues vendrá la Guardia Civil
-      Pues se encontraran con los Mossos
-      Pues os meteremos a todos en la cárcel
-      Pues ¡qué bien! nos encontraremos con vuestros compañeros.

Que lástima que el remar todos a una, respetando las ideas y dejando opinar libremente, sin censuras ni miedos, haya durado lo que ha durado la imagen de las gotas de sangre en nuestras retinas.

Un beso a todos.




sábado, 19 de agosto de 2017

MI AMADA BARCELONA… YO SÍ TENGO MIEDO


No me importa en absoluto reconocerlo y no creo que el hacerlo me convierta en una mujer menos fuerte.

Sé que tengo miedo porque el pasado 17 de agosto lo tuve ¡y mucho!

Cuando me encontré rodeada de gente que corría y gritaba aterrorizada, yo también corrí. En momentos de pánico y de confusión el sentido común y el raciocinio quedan totalmente anulados. Aún así, supongo que por la curiosidad innata que todos llevamos en la sangre, me paré un segundo y me volví. No había ninguna furgoneta blanca avanzando por mitad de la calle pero ¿y si venían uno o varios terroristas  a pie disparando o acuchillando? No sería la primera vez.

Vi el cielo abierto en forma de Banco de Santander y a unos ángeles vestidos de guardias de seguridad, que abrieron las puertas blindadas del banco (a esa hora por supuesto cerradas) y nos indicaron que entráramos rápidamente en el recinto.

Mi agradecimiento también desde aquí,  a toda la buena gente que protegió en sus establecimientos a los cientos de personas que iban de un lado a otro sin saber dónde guarecerse.

Sí, tuve miedo y reconozco que en aquellos momentos lo único que pensé fue: ¿Dónde me esconderé si llegan a entrar?

Pero en estas situaciones el espíritu de solidaridad salta  por encima de cualquier egoísmo. Con la mejor de mis sonrisas ayudé a calmar a un matrimonio extranjero que lloraban en estado de shock junto con sus dos hijos. Acaricié a los pequeños y con primitivos gestos les explique que allí estábamos seguros, que los vigilantes estaban en la puerta ya cerrada y que esta era automática y no podría pasar nadie (así me auto convencía a mi misma)

La mujer me sonrió y el marido me hizo un tímido gesto con el pulgar hacia arriba.

A mi lado una chica se puso en cuclillas y espontáneamente me cogió la mano. Yo se la apreté guiñándole un ojo y ella me sorprendió diciéndome con una voz casi inaudible: ¿Quieres un caramelo?

Tengo miedo sí, y no es desde el jueves. Todos los barceloneses llevábamos demasiado tiempo con el presentimiento de que algo iba a pasar, más tarde o más temprano. Barcelona es un bombón demasiado sabroso para demasiadas bocas repugnantemente sucias. 

Y tengo miedo porque no nos enfrentamos a un enemigo visible del que puedes intuir su estrategia. Nos enfrentamos a un trozo de carne dirigido y manipulado desde lejos, como si de un robot se tratase. Un trozo de carne que la única leche que ha mamado ha sido la del odio. Un trozo de carne al que le han hecho creer  que para salir de su mierda de vida en su mierda de mundo, debe ser un héroe.

Un trozo de carne que no se da cuenta (porque la carne no piensa) que matando a personas inocentes y absolutamente anónimas no solucionará nada ¡Imbécil!

Pero ¿sabéis también de que tengo miedo?: de mi propia hipocresía.

Este acto terrorista, obviamente, me ha afectado hasta lo más hondo de mi alma pero ¿y las otras veces?

Cuando leo en el periódico o veo en la televisión que “los buenos” para matar a unos “malos” han tirado una bomba al lado de colegio y han matado a 80 niños, o que “los buenos” para destruir un arsenal de “los malos” han lanzado un misil que, porque estaban cerca (también es mala suerte) han destrozado a cientos, miles de seres desprotegidos y víctimas del olvido, pienso: ¡Ostras! y rápidamente paso la página o cambio de cadena porque no quiero amargarme el desayuno o la cena.

Y es que la muerte, en esos países tan lejanos y con esos idiomas tan raros y esas otras religiones…..como que no hace el mismo daño ¿verdad?

Mi querida Barcelona, (mi segunda tierra), posiblemente sea bueno seguir teniendo miedo porque eso hará que estemos más alertas pero, te aseguro, que mi vida va a seguir siendo la misma y voy a seguir paseando por tus calles y gritando a los cuatro vientos: ¡Qué bonita eres!

  

sábado, 22 de julio de 2017

EL BLOG CUMPLE 100 PUBLICACIONES ¡GRACIAS A TODOS!


Cuando allá por septiembre del 2015 asome tímidamente la nariz por un mundo absolutamente desconocido para mí como es el bloguero, no me hubiera imaginado que llegaría a escribir 100 publicaciones, o mejor dicho, 100 historias. Desde enero del año pasado, cada semana hemos estado compartiendo  juntos todo tipo de situaciones, y siempre he encontrado vuestra complicidad y, sobretodo, vuestro inmenso cariño.

Gracias infinitas a todos los lectores que me han hecho llegar sus comentarios: unos (los más decididos) dejándolos plasmados en las redes sociales, y otros a través de métodos más confidenciales. Gracias por regalarme cosas tan maravillosas como:

v Estoy esperando al sábado por la tarde para leer tu blog
v Me da rabia reconocer que… estoy enganchado a tu blog
v Me gusta tomarme el café del domingo por la mañana leyendo lo que has publicado esa semana
v Gracias a tu blog he vuelto a leer
v Cada publicación es una pequeña novela

 Me llena de una alegría enorme que me digáis que, muchas veces, mis historias han servido para poner voz a vuestros pensamientos.

Ahora voy a descansar un poquito (que no quiere decir que si necesito contaros algo lo haga), porque hay que coger fuerzas antes que se me acaben los temas. ¡Ja,ja,ja!

100 publicaciones han dado para mucho. Desde el poder que una sonrisa ejerció en aquella mendiga huraña, hasta mi reivindicación de que no todo se acaba en Agosto. Lo del blog ha sido por casualidad (matemática pura).

Han habido cantos a la naturaleza: a las flores como el hibisco,  a los pájaros que cantan de madrugada o a las olas del mar que me esperaban en vacaciones.

Han habido recuerdos para seres que, en realidad, no necesitan que nadie los recuerde porque jamás de irán de nuestra memoria y de nuestro corazón; pequeños homenajes a queridas personas que se han hecho más mayores; alegrías por amigos que vencen a las dificultades.

Publicaciones en las que he desnudado mi alma (a modo de terapia), y en donde he reconocido que alguna vez estuve enamorada y…tal vez lo añore, o que me deprime la primavera, o que no me gusta la Navidad, pero que  la llegada de los Reyes Magos me sigue convirtiendo en una niña.

Publicaciones en las que me ha salido toda la rebeldía y he intentado lanzar a los cuatro vientos que no soporto la violencia, el incivismo y la prepotencia.

Publicaciones en las que ha quedado claro que amo a los animales.

Publicaciones que han querido hablar de sueños, de luchas y de conquistas.

Publicaciones en las que he compartido con todos vosotros la alegría de mis libros y la esperanza de que sigáis a mi lado cuando, muy prontito,  salga el próximo.

Publicaciones en las que, con todo mi respeto,  he intentado solidarizarme con los que sufren enfermedades canallas como la Fibromialgia o el ELA.

Publicaciones, en fin, que lo único que han pretendido ha sido acercarme más a todos vosotros contándoos la vida tal y como la veo…¡tal y como la vivo!

 Muchas personas me han dicho que por qué no hago un libro con todos los relatos del blog. ¡No estaría mal! Pero la verdad es que gracias a las  nuevas tecnologías con solo poner en cualquier buscador: “Vamos Lakatos”…. ¡ahí que aparezco!

Os animo a que sigáis leyéndolo; a que volváis a navegar por las historias porque, con el pasar del tiempo, “saben” diferentes.


Un beso muy grande amigos y hasta muy pronto. Prometo llegar como un vendaval.

sábado, 15 de julio de 2017

¡HEY! QUE EN AGOSTO SIGO EXISTIENDO




Aunque todavía faltan dos semanas para llegar al mes (junto con diciembre), más famoso del año, el ambiente ya se está caldeando (nunca mejor dicho)


Miles de personas llevan todo el año esperando el mes número 8. Ya sabéis que para las civilizaciones orientales, sobretodo la china, el 8/8 es una fecha mágica en donde las mujeres adelantan los partos, los novios deciden casarse, y los enfermos parece que se mueren con más alegría, porque les espera mucha más suerte en el más allá.

Agosto es el mes por excelencia de las vacaciones. El mes de desconectar de la rutina diaria; el mes de  perder de vista a las personas que llevas once meses soportando;  el mes de…..

El mes desgraciado para las personas que seguimos trabajando o, sencillamente, no salimos de vacaciones.

El mes en el que el día a día se convierte en un auténtico viacrucis. 

Desde que abrimos los ojos por la mañana, nos encontramos con que nuestro programa de radio/televisión, que durante todo el año nos ha ido acompañando y dando los buenos días, o no se emite, o han cogido sus riendas otros presentadores que cambian por completo el ritmo, con la puñetera manía de hacerlo  “más veraniego”.

Si intentamos desplazarnos en coche por la ciudad, nos vamos encontrando con calles en obras y calles cortadas que aprovechan a ponerlo todo patas arriba porque..."Como en Agosto no hay nadie"

   Si no nos queda otra que coger los transportes públicos, tendremos que armarnos de toda la paciencia que le sobró al santo Job para no acabar con un ataque de nervios al ver que, ya no es que pasen con menor asiduidad, es que la mitad de la plantilla se ha ido a plantar la sombrilla a la playa. Eso si no nos informan que tal trozo de linea de metro no funcionará en todo Agosto por mejoras. "Habrá un servicio de autobuses que...."  ¡Ya!

Y por supuesto…no nos pongamos enfermo. ¡Ah no! Ni se te ocurra tener el antojo de sufrir una apendicitis. ¡También los hay caprichosos!  Quirófanos que, como me confirmó el otro día un especialista, desde julio llevan la mitad cerrados; consultas que ya, directamente, te dan hora para septiembre (y estoy hablando de Mutuas; la Seguridad Social: ni te cuento), y si te dan hora para este mes de agosto, te encontrarás con médicos sustitutos (o que sustituyen al sustituto) que, no dudo que sean muy buenos y tengan mucha experiencia, pero alguno de ellos dan ganas de dar media vuelta y decirles: "Ay, lo siento me he confundido, pensaba que era la consulta de la que echaba las cartas….."

Por la ciudad, nos vemos invadidos y atropellados por los miles y miles de turistas que vagan, algunos como almas en pena, medio derretidos. Las terrazas todas llenas, los restaurantes todos llenos; las playas a punto de instalar la modalidad de poner un súper mega expendedor de números a la entrada, e ir dándolos a medida que los ansiosos bañistas vayan pisando la arena.

Si estamos en nuestro barrio, la mitad de las tiendas las encontraremos cerradas, lo que nos va a obligar, inexorablemente,  a ir a comprar el pan a aquella panadería en la que no hemos puesto el pié en todo el año y en la que nos vamos a encontrar con la medio sonrisita de la dependienta que nos dará la barra con recelo, como echándonos en cara: "Ahora vienes ¿eh? porque no te queda otra"

Las series de televisión, a las que nos hemos enganchado, en parón hasta septiembre; los programas de interés, sustituidos por programas frescos (o sea, intrascendentes); las películas de los cines, justitas para cubrir el expediente, esperando los grandes estrenos para cuando ”estemos todos”.

En fin amigos, que si sois también vosotros una de las millones de personas que se van a despertar a la misma hora de siempre y van a intentar hacer las mismas cosas del resto del año, ¡mucho ánimo! De aquí nada (porque el tiempo vuela) ya volveremos a la normalidad y cuando “estemos todos” a lo mejor nos toca decir: 

Ahí os quedáis, que ahora quien se va ¡soy yo!


    

sábado, 8 de julio de 2017

LOS SANFERMINES…..¡NO SÉ QUÉ DECIR!

Estoy segura que esta fiesta, considerada por muchos como la más famosa de España y, sin duda alguna,  como la mediáticamente más seguida en todo el mundo, es algo más que borracheras, gente tirada de madrugada por el suelo, incapaces de saber ni quiénes son, abusos de todas clases y un continuado maltrato a los animales.

Estoy segura que en los Sanfermines habrán conciertos, obras de teatro, exposiciones, desfiles, cabalgatas, ferias….

Estoy segura que en los Sanfermines las calles de Pamplona se llenarán de familias con niños disfrutando de la magia de los circos, de las atracciones y  de los espectáculos callejeros.

Estoy segura que en los Sanfermines miles de personas cantarán,  bailarán y se reirán, pero sin perder de vista el respeto a los demás.

Estoy segura que en los Sanfermines las mujeres jóvenes podrán ir tranquilamente por las calles riendo y luciendo sus (quien los pillara) maravillosos veinte o treinta años, sin que nadie intente aprovecharse de ellas.

Estoy segura que en los Sanfermines los grupos de chicos jóvenes harán el loco, se desinhibirán y guardarán un imborrable recuerdo, que les acompañará toda su vida, pero que acabarán el día yendo a dormir agotados a sus camas, en vez de hacerlo tirados en un banco, o directamente en urgencias con un coma etílico.

Estoy segura, pero... ¿dónde están esas imágenes? ¿Por qué todo lo que se transmite desde la capital navarra son escenas de inseguridad, de falta de civismo y de delirio colectivo?

Sé de muchas personas pamplonicas que cuando llegan estos días  cogen sus trastos y se marchan fuera de la ciudad.

Posiblemente, porque la barrera de los veinte años la pasé hace tantos que a veces dudo hasta que los tuviera alguna vez, no me imagino en medio de esas mareas de personas, invadiendo cada centímetro de plazas y calles, descontroladas y con la botella o vaso de cualquier tipo de alcohol, fundida en su mano hasta que se  escuche el “Pobre de mí”

Me parece muy triste que las imágenes que dan la vuelta al mundo, sean las de unos pobres toros asustados corriendo entre miles de seres extraños, que les gritan mientras les obligan a ir detrás de unos cabestros por unas estrechas calles, para desembocar en una plaza donde, al cabo de unas horas, serán torturados hasta morir entre los aplausos y risas.

Me parece vergonzoso que en todos los reportajes que se hacen en las distintas televisiones, días antes del chupinazo, entrevistando a los jóvenes que van llegando a la ciudad, quede de manifiesto que, para la gran mayoría, la única idea que tienen en la cabeza es: "Venimos a vivir a tope y a ponernos hasta el culo de todo”

En uno de estos reportajes, una chica, que no debía tener más de dieciséis o diecisiete años,  confesaba que eran sus primeros Sanfermines, y reconocía (riéndose), que en su casa sus padres se habían quedado muy preocupados. 

Me parece increíble esos extranjeros, sobretodo americanos (intentando emular a su gran compatriota, y embajador número uno de estas fiestas: Ernest Hemingway), que no teniendo ni idea en dónde se meten, ni estando en las mejores condiciones físicas, pongan en peligro la vida de corredores expertos en una carrera en la que hay que tener, algo más que un periódico en la mano.

No sé amigos, me encantaría que alguien que haya vivido los Sanfermines de cerca, me explicara esa parte de la fiesta que no interesa a los medios de comunicación.

Ojalá San Fermín escuche la oración que le cantan los mozos cada mañana:

“A san Fermín le pedimos, por ser nuestro patrón, nos guíe en el encierro, dándonos su bendición”

        Y yo añadiría, a San Fermín le pedimos que reine la concordia, la alegría y la compostura, y que eche su manto protector sobre los pobres animales que, para que miles de humanos se diviertan, van a sufrir el peor día de sus vidas.


Un beso a todos y, una semana más, gracias por compartir este rato conmigo.