viernes, 30 de marzo de 2018

¿QUÉ ES EL RESPETO?



Respeto: consideración de que algo es digno y debe ser tolerado.

Bella palabra. Bello significado.

Que fácil es ser bueno cuando se es feliz. Qué fácil es estar alegre cuando la vida sonríe. Que difícil es, cuando el corazón sangra, tener una sonrisa para los que te rodean.

Qué fácil es llenarse la boca con la palabra respeto; alardear de tolerancia, y enarbolar la bandera de persona equilibrada y cívica, cuando quien está delante es de tu misma ideología.

“Yo respeto a todo el mundo…siempre y cuando piense como yo, entre otras cosas, porque yo tengo la razón”

Posiblemente alguna vez yo también me hay asociado a este movimiento. Sé que me cuesta muchísimo, cuando encuentro personas que piensan diametralmente lo contrario a mí, comprender y aceptar sus ideas, pero también sé que con buenos argumentos, al menos, intento buscar otro punto de vista.

Lo que no soporto es que me obliguen a comulgar con su credo porque es el mejor, o el único.

Estamos viviendo un difícil momento (otro más), en donde parece que solo existe el blanco o el negro; el “estás conmigo o estás contra mí”; el “si no piensas como yo eres un ciudadano de segunda”. Un momento en donde, nuevamente, hay que callar para no discutir, y en donde, precisamente por ese silencio prudente, los gritos se van adueñando de las calles.

El respeto acaba en el momento de cortar la libertad al otro.

Hoy es Viernes Santo. Soy católica porque así lo eligieron mis padres, pero, a pesar de que lo desearía con todo mi corazón, no soy creyente. Muchas veces os lo he comentado desde este mismo blog: me gustaría tener fe. Esa fe que ayuda en los momentos difíciles, y que da una fuerza extraordinaria para enfrentarse a los peores retos de la vida.

No tengo fe, pero me duermo rezando el Padrenuesto; no voy a misa, porque no creo en la Iglesia, pero sin embargo no hay nada que me reconforte más que entrar en una iglesia vacía, y sentarme a escuchar el silencio, rodeada de imágenes que para mí son algo más que bellas figuras talladas en nobles maderas.

¿Qué soy una incongruente? Puede ser.

La Semana Santa, desde que nací, la he vivido más que con fervor religioso, con admiración artística. Las procesiones que llenan estos días ciudades y pueblos, son una exposición al aire libre de auténticas obras de arte, de auténticas joyas.

De norte a sur y de este a oeste; desde el bullicio andaluz hasta la sobriedad castellana; desde el ruido ensordecedor de los tambores y trompetas, hasta el silencio mas desgarrador, miles y miles de personas se emocionan al paso de sus Cristos y sus Vírgenes.

¿Por qué cada año tengo que soportar las burlas, los insultos y los menosprecios de quienes, por presumir de un radical ateísmo, se creen mejores que yo?

Esa raza de personas que tienen que destrozar todas las costumbres (menos las que acaben en borrachera); que tienen que reírse de cosas que ignoran, y que tienen que tratar de fachas o meapilas a quienes disfrutan ante el paso de una obra de arte del siglo XVI.

Esta tarde, después de muchos años, volveré a ver una procesión en Barcelona. Exactamente la que saldrá de la iglesia de Santa Anna y que procesará con tres pasos. Estoy segura que me emocionaré porque estaré rodeada de personas anónimas que respetarán mis sentimientos.

Queridos amigos, espero que estéis pasando unas maravillosas mini vacaciones. Que seáis muy felices desde la playa, desde la montaña, desde el bar, desde la discoteca, desde el teatro, desde vuestra casa, o desde la calle impregnada del olor de las velas.

En el mundo cabemos todos y si en vez de darnos codazos nos cogemos del brazo, estaremos más felices y más seguros.

La Virgen de la Soledad de Zamora
Una de las imágenes mas
impresionantes


miércoles, 14 de marzo de 2018

EL PEQUEÑO GABRIEL

La imagen puede contener: una persona, sonriendo, selfie y primer plano

Mi querido Gabriel

Quiero creer, necesito creer que ahora ya no te alcanzan las maldades humanas. Que en tu nueva vida, los colores, la luz y la alegría envuelven tu pequeño cuerpecito, y que el amor inmenso de tus padres, te llega para hacerte más dulce la espera hasta volver a reencontraros.

Tu sonrisa, tu cara de pillo y tus enormes ojos llenos de toda la curiosidad del mundo, han logrado penetrar en todos nuestros corazones como una flecha lanzada por el gran arco de los sentimientos, atravesando nuestras protegidas barreras, desmontando nuestras defensas y clavándose en nuestras almas.

Mi querido Gabriel, gracias por darme la oportunidad de ver que no soy el monstruo que a veces pienso que soy. Ese monstruo que sigue comiendo a pesar de estar viendo las mayorías desgracias en la televisión, y que, como mucho, cambia de cadena porque tanta muerte “ya aburre”. Ese monstruo que intenta ponerse una armadura tras otra para que el drama de los demás no le salpique.

Tu pureza ha podido más que mis miedos, y he dejado que mis ojos sirvieran de camino libre para esas lágrimas que me ahogaban en la garganta, después de haberme roto el corazón.

Y he llorado viendo tus infantiles fotos, y sigo llorando viendo a esos padres que han sido, y siguen siendo, un ejemplo para toda la humanidad. Gente sencilla de la que deberían aprender absolutamente todos los políticos y mandatarios del mundo. Esos padres cuyas circunstancias personales de la vida los separó, y que tú, estoy convenida, has logrado a unir.

Porque solamente juntos, van a tener la fuerza suficiente para no romper con todo e irse tras de ti. Porque solamente abrazados fuertemente el uno contra el otro, van a poder seguir adelante en este mundo de locos.

Si hay un Dios, o una Energía, o un Universo donde los seres limpios son felices, tú debes estar jugando y nadando con los pececitos, a la espera de que te vayan a buscar.

Mi querido Gabriel, perdónanos a todos.

jueves, 8 de marzo de 2018

Si se para la mujer NO se para el mundo


     
   
        Soy mujer, me siento mujer, vivo como mujer, y moriré como mujer. Estoy orgullosa de serlo, pero seguramente si hubiera nacido hombre también lo estaría, porque hubiera intentando ser lo más feliz posible, y que lo fueran quienes me rodearan.


      Por supuesto que estoy a favor de todos los actos que se hagan hoy, para alzar la voz de quienes están sufriendo cualquier tipo de discriminación, por el solo hecho de haber nacido con una vagina en vez de con un pene.

     Estoy a favor de que el mundo entero grite: “BASTA YA”, ante las muertes cuyo única motivación  suele ser: “O mía o de nadie”

       Estoy a favor de que, de una vez por todas, todos vayamos a una en este difícil camino de vivir.

     Naturalmente que estoy a favor, pero sin que utilicemos las mismas armas que no queremos que utilicen contra nosotras. Si no queremos ser discriminadas, ¿Por qué discriminamos?

     Desde hace días nos están invadiendo, mejor dicho, nos estamos invadiendo nosotras mismas, con cientos de escritos y de mensajes, en donde aparece la mujer como el ser más maravilloso de la creación. Como la heroína, como la salvadora de la humanidad. La única capaz de sentir, de amar, de sacrificarse, de trabajar, de llevar un hogar, de….

    Si se para la mujer, se para el mundo. Este es el eslogan que encabezará la mayoría las manifestaciones de hoy.

     ¿Por qué? El mundo no se ha parado jamás, ni con las más terribles guerras, ni con las más terribles matanzas, ni con las más terribles catástrofes naturales. El mundo se pararía únicamente si la mujer dijera: “Se acabó el engendrar”. Y aun así, veríamos si los científicos no buscarían un sustituto.

     Se está hablando de hacer una huelga familiar, y ayer, en una de las muchas tertulias donde a veces los contertulianos hablan por no callar, y porque tienen que rellenar un espacio de tiempo, y porque se creen que entienden de todo, una contertuliana de un partido político, de esos que parece que les den cuerda, porque hablan sin respirar, sin comas, y sin opción a que alguien intente responder, afirmó tajantemente: “Si las mujeres hacemos una huelga familiar, la familia se muere de hambre y de suciedad”. ¡Toma ya!

      Ningún hombre se ha muerto de hambre mientras tenga un huevo en la nevera y un paquete de espaguetis en el armario. ¿El huevo frito acabará con la yema rota? ¡Puede! ¿Los espaguetis serán de aquellos que se tiran a la pared y se quedan adheridos como ventosas? ¡A lo mejor! Pero esa familia, comerá. Y si después de una semana los calzoncillos y los calcetines se salen ya del cubo de la ropa sucia, ese hombre se espabilará y pondrá una lavadora.

     Hay millones de hombres que, también trabajando,  cocinan, y ponen lavadoras, y quitan el polvo de las estanterías, y les dan el desayuno  a sus hijos, y los llevan al colegio, y juegan con ellos, y se preocupan de su educación.

       En un día como hoy el lema debería ser:

    Más leyes, más inspecciones, y más sanciones, para las empresas en las que las nóminas varían según el nombre que figura en ellas.

   Más leyes, más seguimiento y mayores condenas, para todo aquel que se atreva a levantar la mano a una mujer, a un niño o, naturalmente, a un hombre.

     No nos excluyamos nosotras mismas queriendo ser diferentes.

     Ser mujer es maravilloso. Ser un ser humano, mucho más.


sábado, 3 de marzo de 2018

¡ YA SOY VOLUNTARIA !


Mis amigos, y los que me precedían en esta nueva y maravillosa etapa de mi vida, lejos del mundo laboral, ya me lo decían: “Tardarás tres o cuatro meses en acostumbrarte y en centrarte”.

Y yo pensaba, ¡qué va!, en dos semanas estaré totalmente planificada. ¡Sí, sí! Tengo que darles la razón.

No creo que tarde tres meses, pero el mes y medio, desde que me fui, no me lo quita nadie.

Ahora, después de más de 45 días, empiezo a coger de verdad las riendas, y empiezo a hacer lo que tenía “programado”.  Y es que, no nos engañemos, necesitamos unas rutinas y unos caminitos para no ir dando botes de un lado a otro. De repente, tienes tanta libertad entre las manos, que no sabes qué hacer con ella. Es como esa mañana de Reyes, en que sales al comedor y te encuentras veinte paquetes de diferentes tamaños, perfectamente envueltos, esperándote. ¿Por cuál empiezas?

La semana que viene comenzaré, por fin, el gimnasio. Tengo ganas de ir. Noto que mi cuerpo lleva mucho tiempo pidiéndomelo a gritos. Necesito ese esfuerzo físico; el sudar, el cansarme, la ducha renovadora, y el salir de allí como si tuviera alas; satisfecha conmigo misma, porque sé que he hecho algo por mi salud y por mí misma.

Pero con los años todo cambia, y esta vez me he apuntado a la tarifa de las mañanas. ¿La tarifa de las jubiladas, o de las abuelas? ¡Pues sí! ¿Qué pasa? Pero estoy segura que podré seguir mucho mejor el ritmo, sin que se me salga el hígado por la boca, si “compito” entre personas más o menos de mi edad, o mayores, en vez de con  niñas veinteañeras, que cuando ellas han dado quince saltos yo estoy con la lengua fuera en el segundo. ¿Me comprendéis? Seguro que sí.
Seguro que a mí no me pasa...

Volveré, cual hija prodiga, al gimnasio donde empecé hace más de cinco años, y que dejé para ir a otro, porque necesitaba cambiar, y después de seis meses me di de baja, colgando hasta hoy, la mochila. De esto hace ya más de dos años. Así que los primeros días los cogeré con calma y tranquilidad. Ya os iré contando cómo van mis agujetas.

Y ahora también, después de más de 45 días, he empezado mi labor como voluntaria de la Cruz Roja. Esto tenía muy claro que quería hacerlo desde hace mucho tiempo.

Después de una entrevista, un curso bastante intenso online y varios mails y llamadas telefónicas, ayer fue  mi "debut”.

Un día a la semana, una hora y media, hago compañía y acompaño a comprar o realizar las gestiones que tenga que hacer en la calle, a una persona mayor.

La chica que se encarga de la organización del voluntariado, ya me avisó el miércoles cuando fuimos a que me presentara: "Te llevas un bombón de persona"

Y así, es. Naturalmente no daré ningún tipo de dato personal de ella, pero es una mujer de 86 años, con una cabeza muy bien amueblada, y que agradece a la vida cada día que se despierta.

Ayer a las 11 en punto llamé al timbre de su casa. Me esperé un poquito abajo porque había llegado antes de la hora, y por si acaso estaba todavía en la cama, me quedé prudentemente hasta la hora convenida. Cuál sería mi sorpresa, al abrirme ella la puerta, y encontrármela ya con el abrigo, la bufanda y el carro esperándome para salir.

Y hay algo que me emocionó porque me recordó muchísimo a mi madre: iba perfectamente maquillada (pero bien). Los ojitos con su sombra, el eye liner, las pestañas pintadas, y la boca perfectamente delineada con un suave carmín. Un poquito de color en las mejillas y una sonrisa de oreja a oreja cuando me vio.

¡Ay hija!, yo siempre procuro bajar arreglada. Puedo ser vieja, pero sigo siendo presumida. ¡Me la como!

La acompañé a unos recados que tenía que hacer. Se apoyaba en el carro, igual también que hacía mi madre, que jamás quiso sustituirlo por una muleta (eso es de viejos), y yo noté que continuamente me miraba de reojo como diciendo: “Estás cerca ¿eh?”

Me encantó su conversación: sencilla, simple y llana; que en todo momento tuviera en la boca a sus hijos y a su marido, del que hablaba con todo el cariño del mundo, pero sin tragedias por no estar ya con ella. Me hablaba de dónde había nacido, de su vida aquí en Catalunya, de las muchísimas dificultades por las que había pasado, y de lo bien que se encontraba ahora en su casa, aunque…. demasiadas horas sola.

Me repitió bastantes veces las mismas frases, más que nada, para que no me olvidara que tenía 86 años.

Le gustan los trabajos manuales, y el día que me presentaron me regaló un gorrito de punto muy bonito, de colores vivos y con un pompón la mar de gracioso. Ya me lo he puesto, y cuando me veo en el espejo no puedo evitar sonreír.

Al despedimos me preguntó: Vendrás el próximo viernes ¿verdad? Vendré cada viernes, le contesté, a no ser que tenga algo que hacer y haya que cambiar el día.

Sí hija sí, primero tus cosas, me dijo rápidamente, y si algún día te va mal a esa hora me lo dices. A mí me es igual. Yo estoy siempre en casa.

¿Sabéis que me gustó, y que también me recordó mucho a mi madre?, que cada dos pasos que iba dando por la calle, iba saludando  a uno o a otra, y si no, el uno o la otra la saludaban a ella.  Y después, cuando se despedían, me ponía en antecedes de quien era aquella persona, pero siempre desde el respeto.

¡Cuánto se aprende de los mayores!

Hoy me siento bien. Veo ya mi vida encauzada; tengo muchísimas ganas de escribir, he cogido con fuerza mi cuarta novela, y estoy preparando las presentaciones de la última: Ese Bexonte que tantas satisfacciones me está dando.

Voy a hacer algo por los demás y también por mí misma. ¿Qué más puedo pedir? Os aseguro que nada más.

Un beso muy grande a todos.