sábado, 26 de mayo de 2018

CRUCES EN LAS PLAYAS. ¡HOMBRE, YA ESTÁ BIEN!



           
           No sé si subiré esta publicación, o como en otras ocasiones, después de leerla al cabo de unas horas, esa parte que hace honor a mi signo de Libra, y que intenta siempre evitar confrontamientos, la borrará.  Reconozco que llevo semanas deseando escribir; con la pluma que me arde entre los dedos.
           
            El hecho de no haber nacido en Catalunya y de saber que, para más de uno, mi opinión no vale nada, porque viene de una “medio facha” de Logroño, ha ido tirando con desesperación de las bridas de mi caballo para mantenerlo quieto, sin que tan siquiera intentara relinchar. Yo misma me he ido haciendo pequeña, creyendo que realmente soy una ciudadana de segunda, y que en cualquier momento, según lo que dijera, escucharía la, tan bajamente usada frase de: “Si no estás conforme, vete a tu tierra”

            Pero hoy he dejado de encogerme, y de disculparme erróneamente a mí misma.

            No soy catalana porque he nacido en Logroño, y a mucha honra, pero mi madre, mi abuela, mis bisabuelos, y mis tatarabuelos, eran catalanes. Por lo tanto, la sangre catalana corre también orgullosa por mis venas.

            Mi madre quiso siempre a Catalunya y sobretodo adoró a su querida Barcelona, que la vio nacer nada menos que en el carrer de Mallorca. Esa Barcelona de la que nos hablaba añorante a mi hermana y a mí noches y noches, mientras íbamos desgranando nuestra infancia.

            Mi madre fue la mujer más feliz del mundo cuando en el año 1971 consiguió, llevándonos de la mano,  regresar a su tierra, con todas las dudas y los miedos de un futuro incierto. Con temor, sí, pero con la seguridad que su Catalunya nos acogería, como a aquellos hijos pródigos que regresan emocionados.

            Llevo 47 años en Catalunya: estudiando y trabajando. Llevo 47 años respetando, queriendo, y colaborando con mis impuestos, a que el lugar donde vivo sea el lugar más maravilloso del mundo, en donde todos quepamos.

            ¿Quien se atreve a decirme que no puedo opinar, y con la voz bien alta, de todo lo que está ocurriendo?

            Por supuesto que estoy absolutamente en contra de que haya nadie privado de su libertad por sus ideas, y mucho más cuando ni siquiera han sido juzgados.

            Por supuesto que estoy en contra de un gobierno central, cerrado, intolerante, y anclado en el pasado, cuya única obsesión está situada al nordeste de España.

            Por supuesto que critico tantas y tantas cosas mal hechas, y que están perjudicando a Catalunya. Pero, ¿somos realmente las únicas víctimas?

            Tenemos un Govern salido de la suma de varios partidos que se han tenido que hacer amiguísimos, a cualquier precio, porque individualmente, por ellos mismos, jamás hubieran conseguido estar en el poder.

            Tenemos un President del Parlament, que solamente escucha a una parte del hemiciclo,  y se pone tapones en los oídos ante la otra, por más que a esa otra la haya votado casi la mitad de la ciudadanía, a la que tanto dice querer y respetar.

            Tenemos un President, al que han tenido que elegir a corre-cuita  (a todo correr), y que estoy segura que la mayoría de los votantes de su propio partido, no sabían ni quién era.  (Imagínate el resto de catalanes a los que va a representar, y a defender…….). Un President cuyos hilos los van moviendo desde el extranjero, y que viene precedido por unas ideas, que en otra época, en otro país, hubieran dado mucho que pensar, y que temer.

            Tenemos una clase política que se tenía que estar dejando los cuernos para devolver la tranquilidad que Catalunya necesita y merece, y para conseguir que volvieran todas las empresas que salieron huyendo ante el anuncio de una separación, que ellos mismos, en petit comité, o en indiscretas conversaciones, reconocieron, con alivio, que: “Menos mal que no siguió adelante”

            Una clase política que se tenía que estar dejando la vida, para que entre sus ciudadanos volviera a reinar la armonía, y no la división y el enfrentamiento. Cuando una parte está en silencio, no es que acepte, es que quiere soluciones que no pasen por los gritos y los insultos.

            ¿No podrían dejar TODOS el fanatismo, la soberbia, la envidia, la avaricia, y la egolatría, y empezar de verdad a buscar esas soluciones? Unas soluciones que, por supuesto, no vienen de la mentalidad de:  “Queremos dialogar, pero sin ceder un milímetro, y haciendo lo que nos dé la gana”.

            Sé que el título hacía referencia a la provocación de las cruces colocadas en las playas públicas, donde todo el mundo tiene derecho a disfrutar y relajarse del paisaje, pero no quiero calentarme más.

            Solo espero que la categoría ciudadana de los catalanes, deje la arena en paz, y que siga sirviendo para lo que tiene que servir: para darle más belleza, si cabe, a nuestras playas, y para hacer de graciosa pasarela entre el mar y la tierra.

            Yo sé que no hay adoctrinamiento entre los niños en Catalunya, pero ¿qué se les dice cuando ven la arena, donde sueñan con hacer castillos, o jugar a la pelota, convertida en un esperpéntico cementerio amarillo?

            Pues sí, al final, la he publicado.

sábado, 19 de mayo de 2018

LA FUERZA DE VOLUNTAD



           
      ¡El gimnasio! Se podría escribir un best seller alrededor de todo lo que ocurre en él, y por supuesto de las personas que lo disfrutan, o lo sufren, según cada una.

     Yo sigo adelante con mi régimen (ya he perdido 6 kilos). He de reconocer que me encuentro muchísimo mejor que cuando los tenía agarrados como lapas. Me encuentro más ágil y menos entumecida, y ahí me están ayudando mis sesiones de gimnasio.

            Sé que podría hacer más; que podría sudar más y que podría subir un punto la intensidad de los ejercicios, pero no quiero tener grabada en mi cabeza la imagen del gimnasio como una sala de torturas, donde solo voy a estar mirando el reloj, a ver cuando se acaba el martirio, si no de un sitio donde me voy a esforzar, voy  sentir que estoy haciendo algo por mi salud, y de donde voy a salir, tras una maravillosa ducha, con la sensación de ir casi flotando por la calle.

            Mi gimnasio es municipal, pero es uno de los mejores a los que he ido. Con forma de platillo volante, es amplio, enorme, con unas estupendas instalaciones donde no falta de nada; con unos vestuarios espaciosos y con unas duchas que no saldrías de ellas. 

   Tiene una magnífica piscina exterior (solo abierta en verano), y una espectacular piscina interior en donde los ojos de buey que hay en su alta cúpula, dejan pasar los rayos de sol haciendo mil y un juegos de colores con el agua.

            El personal es muy competente y allí está mi querida Eva, que aparte de ser mi monitora, es mi dietista.

            Pero por supuesto, también los gimnasios tienen sus partes negativas, aunque casi siempre vienen de la mano de las personas.

            Ya conocéis lo poquísimo que soporto los ruidos. ¿Por qué hay que gritar tanto en un vestuario? No sé si en el de los hombres ocurre lo mismo, pero en el de las mujeres, sobre todo cuando salen de alguna clase dirigida, las voces pueden llegar a doblar o triplicar los decibelios soportables a un oído normal.

            Quiero creer que son las endorfinas que se disparan  después de una potente clase de zumba, y hacen que se olvide por completo el respeto al resto de personas que se visten o se desnudan en ese vestuario, y a las que les importa un pito donde estuvo ayer por la noche aquella señora, o lo que va a hacer hoy para comer su amiga.

            ¿Y los pelos? ¡No puedo con ellos! Mejor dicho, no puedo con ellas. Es algo que me revuelve el estómago

            Yo solo pregunto, ¿en sus casas hacen lo mismo? ¿Son igual de cerdas? ¿Se peinan y los dejan en el suelo, o los recogen del peine y los tiran a la basura? ¡En fin guerra perdida.  Y no es porque este sea un gimnasio municipal. He estado en algún gimnasio de esos selectos, incluso en uno en el que, en su época, solo estaban señoritas, y pasaba lo mismo. Niñas muy monas, muy conjuntadas, desde la cinta hasta los calcetines; muy finas, muy súper mega guays, pero los pelos donde buenamente cayeran. Perdón… los cabellos. No quiero pecar de ordinaria.

            Pero me he ido de lo que os quería contar. Si hay algo que me emociona, es ver la fuerza de voluntad de algunas mujeres.

            Son muchas las que veo subir la cuesta que conduce al gimnasio, con el típico carrito/mochila que se lleva ahora, en una mano, y la muleta o bastón en la otra.

            La  tarifa que elegí fue la de las mañanas (la de las yayas), y quizás por eso estoy viendo casos que me dejan absolutamente impresionada. Pero entre todos ellos hay uno: el de una señora que me han dicho que va cada día

      Yo creo que tendrá cerca de 80 años. No suele hablar con nadie. Cuando pasó por mi lado, el primer día que la ví en el vestuario, me di cuenta que tenía los ojos, sobretodo uno de ellos, cubiertos por una especie de telilla blanca.

            A la hora que yo suelo llegar me la encuentro que vuelve siempre de la piscina. Va con su traje de baño, y la muleta fuertemente  cogida del brazo. Su caminar es muy lento. A veces hasta inseguro. Las piernas las tiene completamente arqueadas. ¡Cuánto habrá tenido que sufrir esta mujer hasta acabar con esta deformación tan tremenda!

            Pero ella no se ha rendido, y donde la gran mayoría de personas en su situación, seguramente estarían sentadas en una silla sin moverse de casa, ella se ha agarrado al consejo que algún médico le dio en su momento: “Hay que hacer ejercicio, y lo mejor sería natación” Y como si fuera su salvavidas, sabiendo que eso le ayudará a seguir llevando una vida medianamente normal, o al menos, alejar el momento en que ya no pueda tenerla, día tras día, con el enorme esfuerzo que debe costarle (hay días en que nos cuesta a todos), coge su carrito/mochila, su muleta y…¡al gimnasio!

        Chapeau por ella y por muchas como ella, que no se dejan vencer ante las adversidades, y luchan contra el tiempo, y contra sus propios cuerpos, que se empeñan en meterlas en una prisión a la que no están dispuestas a encerrarse.

        Son ejemplos de que la vida es solo una, y hay que exprimirla hasta que no quede ni una gota. Son ejemplos de que la vida es una carrera constante de obstáculos, y tenemos que aprender a ir saltándolos. Son ejemplos de que la fuerza de voluntad es el arma mas poderosa que tenemos, y nosotros mismos somos quien más podemos ayudarnos.

        Gracias a todas estas mujeres que, con su carrito/mochila, nos dan una lección diaria de que en la vida solo hay un lema que valga: ¡Adelante!

domingo, 13 de mayo de 2018

LOGROÑO: EL REGRESO A MIS RAICES



Si tuviera que definir esta semana con una palabra, sin duda sería: emoción. 

Después de más de dos años he regresado a mi tierra, y lo he hecho con la ilusión de presentar allí a mi nuevo “niño”

No hay ninguna justificación para haber tardado tanto tiempo en volver; simplemente el tiempo que va pasando, sin darnos cuenta, y vamos dando prioridad  a otras cosas.

Me han echado en cara, con todo cariño, que gracia a los libros, me volvían a ver, y es que mis tres últimas visitas, efectivamente, han sido para hacer allí las presentaciones de mis tres novelas.

Han sido solo dos días (día y medio dirá mi familia), pero vividos intensamente. De eso ya se ocuparon los míos que lo tenían todo calculado al segundo: Comer con unos, cenar con otros, al mediodía aquí, a la tarde allá….

Fueron unas horas que pasaron demasiado deprisa, pero que las intenté aprovechar al máximo. Unas horas en que la sonrisa se acomodó en mis labios y la perdí cuando el tren se alejaba de mi tierra.

Como no sonreír de ver lo precioso que está Logroño; esa tierra que me vio nacer y de la que me marché a los quince años. Logroño es una ciudad limpia; con una intensa gama de colores que va desde el azul maravilloso de su cielo, hasta el verde de los inmensos arboles y los innumerables jardines con los que te vas encontrando a cada paso. Muchas veces, personas que lo han visitado, me han comentado: “Es que en Logroño hay mucho dinero, por eso está tan cuidado”. No es cuestión de dinero, amigos, es cuestión de civismo y de ir todos a una. TODOS A UNA.

Cómo no sonreír cuando te reencuentras con amigos, y cómo no llenarte de emoción cuando vuelves a abrazar a  compañeras de colegio que hace más 47 años que no ves. ¿Os imagináis? Gracias María José, por venir expresamente de Zaragoza, dejando tu universidad, solamente para pasar el día conmigo.

La presentación de Bexonte, la aldea sin cobertura, en Logroño me ha dado la oportunidad de vivir la experiencia de mi primera entrevista en la televisión. Llegué directamente del tren con el tiempo más que justo. Menos mal que mi prima Cristina ya me estaba esperando en la estación, con el coche casi en marcha y llegamos a tiempo a Televisión Rioja (TVR). Un poco más y me maquillan en la puerta.

Tengo que agradecer a Ángel Andrés con su programa: “Dime con quien andas”, el ponérmelo tan fácil y el hacerme sentir como en casa. Fue una entrevista distendida, relajada y muy interesante.



La presentación en Espacios Santos Ochoa, estuvo marcada por la alegría, la complicidad, y la ilusión de ver la extraordinaria acogida de mi nuevo libro. Mi querido amigo y admirado escritor riojano Teo Basterra estuvo, como en ocasiones anteriores,  a mi lado, llenándolo todo con su clase y su cultura.

Ahora que estoy delante del ordenador escribiendo esta publicación, tengo la sensación que ha pasado mucho más tiempo. La lejanía estira el tiempo. No sé si he dicho una estupidez.

Gracias a toda mi querida familia; a todos los que me llamáis: Mª Ali, por demostrarme que hay algo, por encima del tiempo, de los kilómetros, de las diferentes formas de vivir, e incluso de pensar, que nunca muere.

Gracias a mi querido Logroño por abrazarme con tanta fuerza. Voy a darme prisa en acabar la cuarta novela. Ja,ja,ja.

Un beso a todos, pero en especial a esos riojanos que me han vuelvo a contagiar su acento. Ya se sabe, cuando estoy aquí me dicen que tengo acento de allá, y cuando estoy allá me dicen que tengo acento de aquí. ¡Eso es bueno! El acento se lleva más que en la garganta, en el corazón.

sábado, 5 de mayo de 2018

JOSÉ MARIA ÍÑIGO, LA VOZ DE NUESTROS RECUERDOS



Hay personas que aunque nunca las hayas conocido personalmente, forman parte de tu vida.

Personas que marcan. Personas que brillan por encima de las demás. Personas que, por ser diferentes, por darle un aire nuevo a la forma de ver y vivir la vida, pasan a engrosar el selecto club de la historia.

Yo sigo desde hace muchos años el programa de radio nacional de España: “No es un día cualquiera”. Desde aquellos fines de semana en que cogía el autobús para ir al lado de mi madre, y me hacían más llevadero el durísimo trayecto que me conducía a estar con la persona más querida, sin saber si aquel día me reconocería.

Cuando esta mañana he encendido la radio, y he escuchado el final de la sección de lectura de la prensa, por el singular periodista italiano Josto Maffeo, despidiéndose con esta frase: “Quiero renovar mi abrazo a Pilar y a toda la familia de José María”, me ha dado un vuelco el corazón.

Hacía varias semanas que en sus habituales secciones lo estaban sustituyendo sin dar, lógicamente, ninguna pista, e incluso dirigiéndose a él continuamente animándole a volver. Ahí estaba la profesionalidad y humanidad de un equipo que lo adoraba.

Jose María Íñigo, o “Iñígo”, como decíamos antes cuando millones de españoles estábamos pendientes de él, formará siempre parte de la historia de la radio, de la televisión y sobretodo de nosotros.

Dicen que era un hombre serio, aunque con sentido del humor, bastante cascarrabias, y ante todo muy exigente con todo lo que hacía. Un hombre conocido también por su afición al buen comer (y quien no), a los viajes, a la música y a la escritura. Un hombre emprendedor, valiente, luchador y curioso.  Un hombre cuyo variopinto currículum, llenaría páginas y páginas. Había sido, sin duda, el mejor presentador y comunicador de los años 70  y 80, y para la nueva hornada, posiblemente, lo único interesante de escuchar en muchos festivales de Eurovisión.

De su carácter había dos cosas que me hacían mucha gracia porque le entendía perfectamente.

Una era que no soportaba que nadie le hablara cuando iba en el coche. A mí el coche me adormece (naturalmente no conduzco). Me entra, al cabo de media hora de estar viajando, ese medio sopor maravilloso que te lleva la cabeza de un lugar a otro del cuello, y que te hace ir perdiendo el sonido, notándolo cada vez más lejano. Por eso, me molesta enormemente tener que compartir ese pequeño habitáculo con alguien que no calla; que tiene que ir comentando todo lo que ve, aunque sea el mojón que indica el kilómetro de la carretera, y que pensando que el silencio es sinónimo de aburrimiento, se ve en la obligación de darle vidilla al trayecto.

La otra cosa que siempre comentaba Íñigo y me sentía identificada, era que no soportaba que gente que no conocía de nada, porque se la acababan de presentar, o sencillamente se presentaba ella sola, le diera la mano.

Y es que estrechar una mano ajena, que generalmente te importa un pepino el resto del cuerpo que la acompaña; una mano que a veces es sudorosa, o pegajosa, o blandengue, es asqueroso.

José María Íñigo se desesperaba sobre todo cuando iba a los restaurantes. Lo primero que hago es ir al lavabo, contaba, y lavarme las manos. Pues cuando voy del camino del lavabo a mi mesa, siempre me tengo que encontrar con alguien que me reconoce, y que eufórico me coge y me aprieta la mano, acompañando el gesto con alguna palmada en el hombro, y encima, quiere que mantenga esta desagradable situación hasta que la persona o personas que le acompañan nos hagan juntos la foto de rigor. Cuando he acabado de hacer el reportaje gráfico, vuelvo al lavabo a lavarme de nuevo las manos, y el súmun llega cuando me  encuentro con otra persona, que también me ha reconocido, o que al ver el revuelo ocasionado, se ha esperado a que saliera del lavabo para “pillarme”. Y ahí es cuando ya me niego a dar la mano a nadie, a sabiendas que voy a quedar como un estúpido maleducado. ¡Lo siento! 

Genio y figura; personalidad inconfundible; profesional como la copa de un pino y, por lo que contaban todos, hasta ayer, que es cuando realmente valen los cumplidos, no cuando ya no estás (Dios nos libre del día de las alabanzas), extraordinario esposo, padre y compañero.

Que descanse en la paz del final del sufrimiento humano, y que disfrute de todo lo que seguro nos espera, una vez cerramos una etapa más de nuestra existencia.

Gracias por lo miles de recuerdos que me acompañarán siempre.