sábado, 16 de junio de 2018

AL OTRO LADO DE LA TRAGEDIA


            
             Hay semanas que me cuesta encontrar un tema para el blog, y hay otras, como esta, en la que los acontecimientos se agolpan.

            Quería escribir, a modo de segunda parte de la publicación de la semana pasada, sobre el efímero recorrido del ministro de cultura. Si hace siete días el título fue: “Buenos días señor ministro”, hoy hubiera pegado: “Adiós señor ministro”.

            Pero pienso que es un tema que no me produce ningún tipo de sentimiento. Ya se sabe, la mujer del César no solo tiene que ser decente, si no aparentarlo. “Caza de brujas”. “Jauría que se oculta tras los medios de comunicación”. “Injusticia”…

            A mí jamás se me ha ocurrido esconder ni un solo euro a la hora de hacer mi declaración de hacienda. Primero porque siempre he estado absolutamente fichada, a través de una nómina, y segundo porque,reconozco, que soy una “cagada”, y prefiero adelantarme a pagar, antes que me llegue una carta certificada “invitándome” a hacerlo.

            Como tema anecdótico, está el cese del seleccionador español y fichaje del entrenador del Real Madrid, que ha coincidido en la persona y en el tiempo, pero…¡paso! porque, como al ex ministro de cultura y deporte, el fútbol me la trae al pairo (mala época para mí estos días)

            Sin embargo, llevo días siguiendo con atención, y por qué no decirlo, con cierto temor, la aventura del Aquarius. Lo siento amigos, pero lo veo todo como un tremendo montaje.

            Estoy segura que si este gobierno llevara dos años ya en el poder, y estuviera gobernando sin demasiados sobresaltos, el barco seguiría navegando sin rumbo.

            Por supuesto que me alegra muchísimo que hayan tomado la decisión de darles buen puerto en Valencia. Espero que no se quede todo en una foto de bienvenida. Espero que haya un seguimiento real de las personas que desembarcarán mañana. Espero que ayuden a que la pesadilla de quienes tienen que abandonar sus hogares, se acabe. Espero… pero no confío.

            Ayer hablaba el alcalde de Valencia, y decía que solamente Cruz Roja y el personal especializado en este tipo de situaciones estarían presentes para recibir a los migrantes. Que no era cuestión de que se encontraran con todo un circo montado a su alrededor. Que sobraban los políticos, y que lo que se estaba intentando era que personas, sobretodo africanas afincadas en España, los recibieran para que se sintieran más como en casa.

            Sigo sin confiar. Deseo que le Aquarius no sea la nueva atracción de feria que cuando ya se ha pasado la euforia de las fiestas, la desmontan, nadie más se acuerda de ella, y se tiene que ir a otro sitio.

            Hoy mismo avisaban desde Andalucía, que en estos días están llegando tantas pateras que están totalmente desbordados, y pedían ayuda. ¿Qué diferencia hay entre unos y otros? ¿También hay migrantes de primera y de segunda?

            Pero os tengo que confesar que esta semana ha habido algo que me ha revuelto las entrañas. Ayer me llegó por mail, como cada semana, el blog del alcalde de Cornellà, Sr. Antoni Balmón. Me gusta lo que cuenta, y cómo lo cuenta.

            Tenía dos publicaciones, y una de ellas me llamó la atención. Precariedad con un final trágico. Tras leerlo me quise informar más, y busqué por las redes la noticia.

            El pasado jueves, Jordi, un electricista de 45 años, ante el inminente desahucio de su piso de alquiler, se suicidó.

            Titular frío y escueto. ¿Y detrás?

            La historia de un hombre que en su momento tuvo su trabajo de electricista; tuvo la ilusión de alquilarse un piso, en una de las muchas casas colmenas que hay en San Ildefonso, una poblada barriada obrera de Cornellà, y de llevarse a su chica a empezar una nueva y maravillosa vida. Sueños simples, como tenemos todos.

            La suerte se le giró, como a miles de personas. Perdió el trabajo, y esa maravillosa vida le mostró su peor cara.

            Dicen que buscó desesperadamente otro trabajo. Cualquier cosa que le hiciera entrar dinero en su casa. Tenían que vivir, y no querían perderla. Cuentan que iba con su bicicleta arriba y abajo ofreciéndose a arreglar desde un grifo, hasta cargar muebles en una mudanza. Lo que fuera.

            Los meses iban pasando, y su deuda con el “casero” aumentando, al no poder hacer frente al alquiler. Era comer o pagar la casa. Si difícil es convencer, o intentar que una persona comprenda tu situación, y tenga la suficiente caridad como para esperar un mes más, tarea imposible cuando quien hay detrás de un teléfono, porque nunca darán la cara, es una entidad bancaria.

            El Ajuntament de Cornellà, adonde Jordi acudió pidiendo ayuda, consiguió parar el primer intento de desahucio, y solicitó parar también los otros dos posteriores, alegando la precaria situación económica de Jordi. No lo escucharon.

            El jueves, un comité judicial llamó a la puerta de su casa para sacarlos definitivamente a él y a su chica. Un perro pequeño, un cachorro que, o se habían encontrado, o alguien se lo había regalado para intentar aliviarles las penas, ladró alegremente ajeno a la tragedia que se encontraba tras esa llamada.

            Jordi se negó a abrirles. Quería quemar sus últimos cartuchos. El comité judicial requirió la presencia de los mossos de escuadra, quienes le pidieron que abriera para no complicar todavía más la desagradable situación. Se tenían que ir ya, si no por las buenas, por las malas.

            Jordi, vencido, les dijo que les iba a abrir, y que esperaran un momento en el rellano. Dio media vuelta; quizás acarició la cabecita del cachorro, quizás miró los desesperados ojos de su chica; entró en su habitación, y lo que realmente abrió fue la ventana de su décimo piso desde donde se arrojó al vacío, encontrando así la única solución a su problema.

            Los gritos de su compañera: “Se ha tirado. Se ha tirado”, hicieron que la comitiva judicial y los mossos bajaran corriendo los diez pisos, y al llegar a la calle se encontraran un cuerpo, ya propiedad del banco (es lo único que consiguieron), y deseo con todo mi corazón, que un alma liberada de la ambición y crueldad de un sistema financiero al que todos ayudamos a mantenerlo.

            Estoy segura que a la chica y al cachorro les encontrarán una nueva casa, aunque no sea más que para acallar conciencias. Sé que el Ajuntament de Cornellà va a tomar acciones legales ante los propietarios del inmueble, por no haber hecho caso a sus peticiones de frenar el desahucio.

            Si hay semanas que el corazón se encoge, esta es una de ellas.

            Yo podría ir en ese Aquarius, porque yo no soy más que cualquiera de las personas que van en él. Simplemente el destino ha hecho que  naciera en otro lugar.

            Yo podría haber sido esa persona desesperada, a la que la oscuridad de su vida le mostró una pequeña luz en el vacío de un salto mortal.

            Doy gracias a Dios por, una vez más, estar al otro lado de la tragedia.






2 comentarios:

  1. Primero de todo como siempre doy gracias por no encontrarme en las situaciones que describes en tu blog, o en muchas otras que hay en la vida y que siempre nos ponen a prueba. A mi también me impresiono mucho y me interesé por la historia de Jordi, quizás porque nos pila más cerca, no lo sé y es un tema muy delicado sé que la Sra. Colau está luchando mucho por los desalojos, desde todos los ayuntamientos se tendría que hacer los mismo. Descanse en paz JORDI.

    Los inmigrantes que vienen en pateras, sobre todo ahora que es verano, siempre pienso, pobrecitos, como lo tendrán que estar pasando en su tierra, tener que abandonarlo todo y emprender un camino sin retorno sin saber donde y como estarás.

    Sé que la igualdad social es imposible, pero desde los políticos a nosotros hay que luchar de alguna forma por nuestro prójimo. Un beso grande Alicia.

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  2. Emprender un camino sin retorno... tienes razón Yolanda. Quizás esto sea lo mas duro. Dejar atrás un país que no te ha dejado ser feliz pero que tu has soñado con serlo. Un abrazo, amiga.

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