domingo, 24 de abril de 2016

A VER SI ME ESTOY VOLVIENDO ENOCLOFÓBICA...



¡Tranquila Ali! (siempre me llamo así cuando estoy nerviosa o asustada), respira. ¿Cómo era….3-6-3?, ¿3-6-9?, ¡sí, ésta! Inspirar contando mentalmente hasta 3, aguantar contando hasta 6 y expirar lentamente contando hasta 9. ¡Eso es!, 3…..6…9….¡Inútil!, el corazón se me dispara.

No quería subirme en este vagón. Al ir bajando la escalera y ver el andén completamente lleno de gente, estuve a punto de volver a subir, pero sabía que no podía hacerlo. Tenía que estar a las cinco y media en la Ramblas. Firmaba libros allí.

Cuando llegó el tren abarrotado pensé: “cogeré el siguiente, creo que aun tengo tiempo”, pero no tuve opción;  estaba en primera fila y al abrirse las puertas y percatarme de las miradas de rabia/escepticismo de las personas que, casi a punto de caerse del vagón, miraban hacia abajo como queriendo decir: “No os atreveréis a subir ¿verdad?”, alguien me empujó y a la voz de: ¡Vamos señora!, me vi subida en volandas, y formando yo también parte de una cada vez más compacta masa de seres humanos, que habíamos pagado un billete por ir en condiciones inhumanas.

Definitivamente no puedo respirar. No es que falte el aire es que me encuentro totalmente aprisionada.

¡Venga!, son solo 9 paradas hasta el final. Ahí te espera un transbordo y después coger el metro hacia el centro…. No puede ir tan lleno como los Ferrocarriles de la Generalitat (gracias por pensar en los que os votamos)

Cada día cojo este transporte y jamás pensé que pudiera durar tanto el trayecto ¿o era la duración de siempre?

Intenté buscar un punto que me hiciera escapar de las cientos de cabezas, que se movían acompasadamente al ritmo que marcaban los trompicones del tren. Miré hacia arriba y solo ví los fluorescentes emitiendo una luz ocre que todavía ahogaba más. Miré hacia abajo y me encontré con la mirada asustada de una niña pequeña, que no tendría más de cinco años, que en la esquina de la puerta, estaba prácticamente atrincherada por su madre, que intentaba hacer de búnker con su cuerpo para que nadie le pudiera hacer daño. Con los codos abiertos luchaba por crear una barrera de protección.

En el centro me fijé en una escena que, estoy segura que en circunstancias normales, no se hubiera producido, o al menos a ese volumen, pero en ese momento, con los alientos de las personas notándotelos en el cuello, los nervios estaban a flor de piel. 

Allí, sujetándose a las barras que forman un pequeño círculo, una madre discutía desesperada son su hija adolescente. La voz de la madre era extremadamente alta, estaba claro que para ella en aquel momento habían desaparecido las cientos de personas que las rodeaban. Le recriminó algo a su hija, la cual le contestó fríamente en voz baja. La madre le amenazó con volverse a casa en cuando llegaran al final del trayecto. Hubo un silencio por unos segundos en los que noté que la madre contraía las mandíbulas, e intentaba respirar para calmarse (¿hará también el 3-6-9?) De repente la hija, con una heladora mirada, le dijo algo, provocando que la madre abriera los ojos de una manera desorbitada, y escéptica, sin llegar a creerse lo que acababa de escuchar. Casi temblándole la voz le preguntó: “¿Me estás recriminando que te quiera?” 

 La hija calló, y por toda respuesta  desvió la mirada hacia el panel que iba indicando las paradas. Los ojos de la madre empezaron a inundarse de lágrimas. Unas lágrimas que fueron subiendo  poco a poco, como cuando en las películas alguien está dentro de una cueva y el agua comienza a subir hasta temer por la integridad del protagonista. 

La verdad es que me tenían hechizada y hasta pude sentir por un momento el dolor de la madre (pero no quiero juzgar porque no sé la historia)

Un ladrido de un perro…, sí, sí, un perro, porque como éramos pocos, habían subido (¿cabe alguien más?) unos chicos con un animal demasiado grande para el microscópico espacio libre que quedaba, me hizo apartar la mirada.

Al llegar al destino las compuertas del vagón se abrieron y el agua (o sea las personas) salimos disparadas. ¡A la mierda el respeto hacia los demás! ¡A la mierda el dejar pasar antes a las personas mayores o con niños! ¡A la mierda todo! Lo único que importaba era llegar pronto al control de billetes, intentar ser más listo que nadie, poniéndose en la cola que menos gente hubiera (ja,ja,ja), validar por fin el billete, ante la atenta mirada de los revisores (que ahora sí están visibles y eso del control lo hacen muy bien) y a correr hacia  la otra cola que te obliga a validar el mismo billete para entrar en el metro

¿Os explico como fui, un día de Sant Jordi a las cinco de la tarde, en la línea más turística de metro que llega a la Plaza de Catalunya, Ramblas….? ¡Mejor que no!  Por mucho que sepa escribir (aquí es cuando yo sola me doy un beso) nunca podría describir la sensación de angustia (estoy hablando de unas circunstancias normales, casi lúdicas, no de una catástrofe en donde todo cabe) con las que iba mirando las paradas que faltaban. Como siempre en estos casos, siempre hay el gracioso de turno que lanza al aire: “Como pasara algo dentro aquí no sale ni el tato….”

Por supuesto, faltaba todavía la vuelta a las ocho de la tarde, con el pequeño agravante que una inmensa lluvia hizo correr y refugiarse en el metro, o decidir que la fiesta se había acabado, a miles de personas que hasta entonces  habían estado paseando y disfrutando  de la magia de las rosas y los libros.

Foto que me envió mi amiga Ana
Este fue mi Sant Jordi como persona enoclofóbica (acabo de mirar en Google y denomina así a las personas que no soportan  las multitudes, aunque yo creo que en mi situación, todos seriamos enoclofóbicos)

El otro Sant Jordi fue muy bien. Toda una experiencia que me hizo cerrar los ojos, ya en la cama, absolutamente reventada, con una sonrisa pensando que Maià y Capi esa noche, estarían ya en muchos más hogares y seguro que a punto de ser queridos por muchas más personas.

¡Ah! se me olvidaba un detalle importantísimo. En el metro, en los paneles y por megafonía, iban continuamente diciendo algo: ¿Querrán pedirnos perdón por habernos llevado a todos como sardinas en lata? ¿Querrán darnos las gracias por nuestro (dentro de todo), civismo por no haber roto la cabeza a nadie? ¿Querrán, ¡que majos ellos!, desearnos un fantástico día y comunicarnos que a la salida nos obsequiaran con una rosa y un libro de autoayuda para enoclofóbicos? ¡Cuando aprenderé!.., ¡¡¡Noooooo!!!, lo que iban anunciando a bombo y platillo es que el próximo martes y miércoles habrá una huelga de metro que afectará gravemente las líneas y los horarios.


Gracias a todos los maravillosos dirigentes de mi ciudad. Ya os pasaré mi dirección para que me vengáis a buscar en vuestro coche y pueda ir a trabajar. ¡Yo también os quiero!

4 comentarios:

  1. Te comprendo perfectamente!!!!! Uff es horrible, cuando te pilla un atasco de gente, me acuerdo siempre de tu frase: "no es que haga calor es que falta el aire".

    Pero supongo que aparte de eso una experiencia nueva para guardar en tus recuerdos de escritora y seguir aprendiendo y creciendo.

    Maià i Capi tienen que estar orgullosos de ti, por el gran corazón que tienes, ojala todos fuéramos un poco como tú, el mundo sería mejor. Gracias Alicia.

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    1. Un vez más te tengo que agradecer tu cariño. Y si yo "intento" compartir lo mio, tú no te quedas atrás. Y tienes razon al decir que con estas experiencias se aprende. Un beso

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  2. Muy buenos días Alicia!!!. Divertidïsimo relato. Encima he aprendido qué es la enoclofobia; todo el mundo, a medida que nos volvemos un poco sensatos y valoramos algo el riesgo tendemos a evitar de forma natural estas situaciones...pero cuando eres muuuuuy joven (el cerebro nunca deja de serlo si lo ayudamos) haces locuras...como la que hice en un concierto, Queen, en el Palacio de los Deportes de la calle Lleida a mediados de los 70; las puertas abrían a las 6 de la tarde, 5 horas antes ya estaba allí, cuando abrieron fuí el primero y todo el concierto estuve en primera fila sin tocar el suelo, no podía ni bajar los brazos (tampoco me lo planteé)...tenía a Freddy Mercury allí delante y la suerte de mi lado por no caerme y ser aplastado...Por cierto, a mi me va mejor el 5-dejar fluir-5 (1 pensamiento bueno del día mientras inspiras humo blanco-recreearse en el éxito mientras sientes como el aire recorre tooooodo tu cuerpo-1 pensamiento malo mientras sacas humo negro), que es un robo descarado de tus derechos de autora y que yo utilizo todos los días (si me denuncias el caso lo tienes ganado!). Cúidate y feliz lunes guapísima!!!!

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  3. Ja,ja,ja ¡vaya pieza que estas tu hecho! Tener a Mercury delante, debió ser genial. Son esas cosas que jamas de olvidan ¿verdad? Pondré en practica tu método. Ya sabes que tengo muuuuuuchas ganas de verte. Un abrazo

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