sábado, 2 de abril de 2016

DIA DE PALOMITAS Y PRETTY WOMAN


Ayer tuve uno de esos días “perros”. Mejor dicho, llevo una semana “perra” (aquí es cuando Maià y Nina me miran mosqueadas). El cambio de hora me sienta mal, horriblemente mal. El de otoño, con una hora más por delante, lo llevo bien, pero el de primavera, me mata. Aunque duerma las mismas horas, voy arrastrando una especie de agotamiento y un desajuste que, como mínimo, tarda ocho días en desaparecer.

Cuando volvía para casa por la tarde en los ferrocarriles, cansada ya de unos días estresantes, iba sentada y medio dormida, mecida por el traca-traca monótono del tren y pensé: “Mañana no escribiré nada porque, sencillamente, no tengo ganas, y lo que nunca haré es “obligarme” por el mero hecho de querer publicar una vez a la semana (hay gente, a la que le agradezco muchísimo su cariño, que me dice que una vez es poco, que soy muy vaga….)

Pues bien, cuando ya por la noche me senté,  o mejor dicho, me espachurré en el sofá, me repetí a mí misma, como queriéndome justificar: “Es que no tengo ganas de escribir”, y entonces se me encendió la lucecita y me dije: ¡pues eso es!, escribe, que no tienes ganas de escribir. ¡Así de sencillo!

Que maravilloso es cumplir años y darte cuenta que, cuanto mayor te haces, más vas quitándote del camino los compromisos y lo que no te gusta.  Sin disimulos, sin darle más vueltas a las cosas: no me gusta y punto. Eso sí, con educación,  que para eso estudié en un colegio de monjas y fui una muy buena alumna.

¡Oh, que momento!
¿Por qué el título? porque, sobretodo cuando estoy en el trabajo un día de esos asquerosos, de frío, de lluvia, oscuros... siempre deseo lo mismo: estar en el sofá de mi casa, con una mantita por encima, con mis dos “chicas” cerca, una bolsa de ricas y humantes palomitas (o patatas fritas, o caja de bombones, a gusto del consumidor) mientras veo por milésima vez Pretty Woman, y me vuelvo a emocionar en los mismos sitios de siempre, y vuelvo a reír en las mismas escenas de siempre y vuelvo a soñar con ese Richard Gere elegante, enigmático y adorable.

Ahora mismo no estoy viendo a Julia Robers, ni tampoco estoy comiendo nada de lo que mi colesterol me pase luego la factura, pero sí que estoy descansando, relajada y disfrutando del maravilloso Dolce non fare niente, que es uno de los mayores placeres de la vida.


Amigos, amigas, de vez en cuando, encontrar un huequecito en vuestra vida para “perrear” 

4 comentarios:

  1. Qué linda la última escena, Richard subiendo por la escalera de incendios con el ramo sujeto por donde puede, la limusina...imposible no llorar, no emocionarse... porque la vida es eso, dejar fluir nuestros sentimientos, no olvidar nuestra etapa de niños en que no teníamos vergüenza, que no nos daba pena decir que no... A mí, particularmente, me hechiza también Casablanca. De música, Echoes o The Dark Side of the Moon, o el increible Shine of the crazy diamond (Pink Floyd)... Pintemos de color estos días grises con acuarela de colores y una bella sonrisa, como tú haces Alicia, artista!

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    1. No tienes malos gustos musicales, no señor. Son esos momentos "tuyos" en los que, efectivamente, abres la puerta a todos los sentimientos y dices: ¿qué pasa, aqui estan? Te deseo una maravillosa semana y sabes que tenemos ganas de volver a verte.

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  2. Uff, que pasada, al igual que tú, he visto la película tropocientas veces y no me he cansado nunca de disfrutar de ella. Es una pasada el sofá la tele y una película con la mantita y las personas que quieres alrededor, después de una semana, para olvidar.

    Necesitamos estos momentos para después reactivarnos y poder disfrutar de nuevo de los momentos más difíciles con una sonrisa. Un beso Alicia.

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    1. Como nos entendemos tú y yo, y es que en el fondo, nuestros deseos son sencillos. Hasta mañana, compañera de fatigas.

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