sábado, 8 de octubre de 2016

PIPAS, PELOS, PIPIS, PIES….

¿Quién no ha comido alguna vez en su vida pipas en la calle? ¿A quién no se le ha escapado alguna cáscara al suelo? Os habéis fijado en el verbo, ¿verdad? ¡Escapado!

Me acuerdo que yo llevaba una bolsita donde metía dentro las cáscaras, o me las iba poniendo en la mano y cuando ya la tenía llena la tiraba en algún papel de periódico que después, cuando estaba a rebosar, doblaba con cuidado para que no se desparramaran todas y las metía en el cubo de la basura o en una papelera.

Ahora no, ¿para qué? ¿Para qué voy a molestarme, cuando estoy sentada en un banco con los colegas, o con el pariente, en perder el tiempo metiendo las cáscaras en una bolsa y luego….? ¡Quita, quita! ¡Al suelo directamente!

Me indigna ver un paseo cuidado, con sus flores y sus plantas, y después pasar delante de un banco y tener que ir pisando la alfombra  de maderitas que van crujiendo chulescas a mi paso.

Un día, a un padre que estaba sentado en un banco con sus dos críos pequeños, de unos cuatro o cinco años, simplemente me lo quedé mirando y luego miré al suelo que lo tenía totalmente cubierto de cáscaras. Él entendió perfectamente el mensaje y simplemente me dijo: “Para eso pagamos a los barrederos”. Buen ejemplo para sus hijos. ¡Sí señor!

Vamos a hablar de los pelos……mejor dicho, hagámoslo con propiedad: los cabellos. Esos cientos de cabellos que van cayendo en los vestuarios de los gimnasios (aquí solo puedo hablar, por razones obvias, de los femeninos). No hay nada que me de más asco que encontrarme un pelo(cabello) en un plato (para mí ya se ha acabado la comida), o en una pastilla de jabón o encima de un papel……

Y yo me pregunto… Esas chicas que salen de la ducha, se desenredan el pelo y con todos los “cadáveres” que le han quedado en el peine, hacen una bolita y lo tiran directamente al suelo….. o, casi peor, cuando el pelo ya está seco y esturrufado, se cepillan, cogen con la mano otros “difuntos” y repiten la misma acción, con el inconveniente añadido que como están secos, van volando por donde les da la gana….¿hacen lo mismo en su casa?

Como bien sabéis, tengo perros desde hace muchiiiiiiisimos años. Por lo tanto, hace muchiiiiiiiisimos años que los bajo a la calle donde, a parte de pasear, o correr, o relacionarse con otros de su especie, hacen sus necesidades. Jamás nadie me ha tenido que llamar la atención por haberlos dejado levantar la pata (los machos) delante de un portal o una pared, o por haber dejado los restos digeridos de su comida en medio de la calle sin recoger. ¡Jamás!

Por unos cerdos, pagamos los demás. Me da una rabia tremenda cuando veo carteles en algunas casas, hartas de echar lejía en sus fachadas, que aclaran en mejor o peor tono: “Esto no es un pipican”

Siempre os cuento experiencias: Una chica estaba dejando tranquilamente que su perro (un enorme Golden Retriever), se meara en la puerta de una casa, casi inundando la entrada. No pude evitarlo y le comenté: “Tienes un árbol, delante”, a lo que la chica (niñata) se dio la vuelta y me contestó: “Este es mi portal; da gracias que no lo haga en el tuyo…….”

Y ¿qué pito tocan en esta publicación los pies? os estaréis preguntando (o quizás no os lo preguntéis, pero yo pongo que sí para poder seguir la narración) No, no son por los olores, que también podría ser, si no por la marranada de colocarlos encima del asiento delantero, sobretodo, en los ferrocarriles (normalmente más acolchados y más cómodos). Y si es una guarrada plantar las deportivas, o las botas, no te cuento nada colocarlos desnudos (pero… ¡qué comodidad, sacarlos del calzado cuando ya te van haciendo chup chup,  ¿eh?)

El día que fui a mi maravillosa experiencia de la Fundación Mona, cogí pronto un tren regional. Se subieron una pareja de jóvenes, digamos que…informales (para no herir a ningún colectivo), llenos de bártulos: bolsas, bolsitas, mochilas, y creo que hasta una cama plegable. Lo fueron colocando todo en los compartimentos que hay encima de los asientos, y reservaron los que tenían delante para su propia comodidad.

Él, al menos, tuvo el detalle de poner sus pies encima de una bolsa suya, pero ella, directamente los plantó en el asiento. Hasta aquí, nada que no haya visto, por desgracia, un montón de veces. Lo que me impresionó fue la suciedad de los pies de la susodicha. En mi vida he visto unos pies (que debían ser blancos) tan negros. La planta de pie era de color carbón. Ya no solo los colocó encima, si no que fue gran parte del trayecto refrotándoselos de arriba a abajo (a lo mejor era su forma de limpiárselos). 

En un momento determinado se levantó, y descalza se marchó a otro vagón. Regresó al cabo de un rato y volvió a colocar los pies (se supone que un poco mas sucios todavía) de nuevo en el asiento.

El tren se fue llenando y en una estación subió una señora mayor con un vestido de color vainilla. Segundos antes la chica, viendo que ese asiento iba a ser más deseado que un Miró en una subasta, bajó los pies. La pobre señora con el vestido de color vainilla, ajena a todo, se acercó, miró a la chica, le sonrió, le saludó con un cordial. “Buenos días” y se sentó tranquilamente pensando: “¡Qué suerte, enseguida he encontrado un sitio!”

Yo pensé en su vestido color vainilla que seguramente cuando se bajara en su parada, llevaría una mancha de….¡vaya usted a saber! Pero…, ¿y si en vez de una señora con su recatado vestido, se sube una  chicas con uno de esos minúsculos pantalones en que las piernas están en contacto directo con la tela del asiento, o una niña pequeña con su vestidito corto y se sienta sobre una tela llena de mierda y de todos los gérmenes habidos y por haber?

En una presentación que hice hace unos meses, me formularon unas cuantas preguntas del famoso cuestionario de Marcel Proust y una de ellas era: “¿Qué es lo que más detesta? ¿Adivináis mi tajante respuesta? ¡Efectivamente!       EL INCIVISMO

6 comentarios:

  1. Me encanta lo bien que enriqueces tus anécdotas Alicia. Ahora que he vuelto de unos días fuera, me doy cuenta de cuánto extrañaba leerte...¡creas adicción querida amiga!.

    Yo también me pregunto si "esos señores" que, además de no bajar la tapa del WC, no tiran de la cadena (y no sólo después de dejar residuos líquidos), lo harán también en sus casas. Muchas veces intento disculpar "al invisible que ha estado antes que yo" pensando que tenía alguna deficiencia pero...¿es que tantos enfermos hay?.

    Tu ejemplo del "señor" de las pipas y el barrendero es muy ilustrativo de muchas cosas: si el dinero de nuestros impuestos no nos importa (dedicado a arreglar lo que estropeamos), tampoco importa la corrupción, los modales, la ética, invadir el espacio personal, gritar como medio natural de expresión, la justicia, la ignorancia del egoista,...¿Cuántas generaciones son necesarias para que nos respetemos y veamos que este país tan maravilloso es de todos y tenemos que cuidarlo para poder avanzar?

    Un beso!!!

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  2. Ya encontraba a faltar tus comentarios. Por supuesto que si todo te importa un pito y a nada de lo ajeno encuentras valor, todo se convierte en la ley de la selva. Esperemos y confiemos en que las escuelas estén haciendo su labor y los padres de los futuros "tira cáscaras al suelo" tambien. Un abrazo, amigo

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  3. El incivismo, el gran ignorado, digo ignorado porque mucha gente pasa de su hermano el civismo, vamos a ver!!! se tiene que ser muy "burro" para pensar que por el hecho de pagar impuestos tienes derecho a ensuciar las calles, paredes o lo que sea, es tan absurdo como pensar que como pagas Seguridad Social, has de ir cada día a visitar el médico, todo esto, no es más que una falta de sentido común, que creo que es lo que le falta a muchos individuos en esta sociedad.

    Gracias Alicia por darnos la oportunidad de poder opinar y reflexionar sobre tus escritos, los cuales siempre son interesantes y quizás un día alguien entienda el mensaje.

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    1. Ojalá Marisa lo entiendan quienes lo tienen que entender. Mientras tanto tendremos que armarnos de muchísima paciencia, aunque yo, reconozco, que para estas cosas, cada día tengo menos. Gracias por tus estupendos comentarios.

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  4. Querida amiga, la insolidaridad, la injusticia, el incivismo…, son lacras de una sociedad enferma, has contado casos de la vida cotidiana que cada día se ven en la calle y te hacen mirar y pensar. ¿Qué hago?, y sin poder actuar, sigues tú camino ya que piensas, que seguidamente te soltaran una fresca y no tienes ganas de líos.
    Cada uno su conciencia y su ética personal, es lo que lleva a poder convivir con nuestros vecinos, compañeros y personas que cada día nos cruzamos con ellas sin conocerlas.
    Como dice El Rey León: VIVE Y DEJA VIVIR.
    Respira hondo y cuenta hasta tres y: MINDFULNESS.
    Un beso muy grande. Yolanda

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    1. Tienes razón y la gran mayoria de veces vemos estas cosas y pasamos de largo para no complicarnos el día, pero hay ocasiones que la sangre te hierve y no puedes evitar el intentar que entiendan lo que están haciendo (cosa imposible, por otro lado) Eso... mucho Mindfulness. Un beso guapisima.

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