sábado, 17 de junio de 2017

EL DOLOR LO SUFRE QUIEN LO SUFRE

Esta semana dos queridos compañeros míos de trabajo han pasado por el quirófano. Uno de ellos con una operación sencilla dentro de todo, por ser más rutinaria, y de la que ha salido, como es él: airoso (ahora se encuentra en casa recuperándose). Al otro compañero le han practicado una intervención muy delicada, en una zona en donde, el desvío de una milésima de milímetro del bisturí, hubiera podido tener consecuencias nefastas. Por ahora las noticias que nos llegan con cuentagotas desde el hospital, son preocupantes, pero estoy segura que su naturaleza va a poder saltar todos los obstáculos que se encuentre por su camino.

El viernes, cuando vino a despedirse de nosotros, lo vimos tranquilo y aceptando las bromas que todos les gastábamos para animarlo y para animarnos.

Los comentaros posteriores eran parecidos: “Pues se le ve  bien ¿eh? Yo no sé en su caso como estaría. Es que me pongo en su lugar y….”

Por más que apreciemos a una persona, por más que la queramos proteger y cuidar, el dolor (tanto físico como anímico) lo sufre quien lo sufre.

Desde que nacemos se convierte en nuestro cruel y egoísta compañero de viaje al que no le gusta que nadie más le acompañe: Él y tú.

Cuántas veces ante el padecimiento de un ser querido (permitirme que incluya los animales que comparten nuestra vida) desearíamos poder estar en su lugar y pasar ese mal rato nosotros. Cuántas madres se cambiarían por su hijo ante una simple inyección.

¿Por qué tenemos que sufrir tanto? Si estamos enfermos porque lo estamos, y si no lo estamos, sufrimos pensando que podemos estarlo.

El cuerpo humano, el cuerpo de cualquier ser vivo dicen que es una máquina perfecta y maravillosa. Todo va a su sitio, cada célula sabe lo que tiene que hacer, cada órgano cómo tiene que actuar, pero ¡es tan fácil que se despisten!

Hace unos meses hice una publicación sobre una enfermedad que me impresiona mucho, posiblemente por tener gente amiga que la padece: la fibromialgia. En Facebook comparto amistad con dos grupos diferentes de personas que la padecen. Muchas veces cuando leo los comentarios desesperados de quienes necesitan poner voz a su martirio, porque ya no aguantan más, me siento impotente de no poder hacer otra cosa que pasar mis ojos por las atormentadas  líneas y  enviar un “me entristece” (tenía que haber otras opciones como…. No puedo hacer nada pero te admiro). A veces me sobrecogen tanto los mensajes que dejo algún comentario, ya no de solidaridad, porque yo no puedo ponerme en la piel de esa persona que es incapaz de levantarse de la cama, pero sí al menos de  respeto.

En este momento me estoy acordando muchísimo de mi compañero de trabajo con el que llevo compartidas miles de horas, desde hace más de 40 años que nos conocemos. Pienso si estará consciente, si se dará cuenta de su gravedad, si tendrá miedo…

Gracias a Dios en los hospitales, hoy en día,  procuran alejar todo lo posible el dolor, pero aun así, hay un dolor mental y anímico que se acrecienta en el momento en que dejas de tener el dominio de tu cuerpo y estás a merced de otras personas o incluso de unas máquinas.

Mi querido compañero, me gustaría poder enviarte toda mi fuerza y todo mi cariño. Que te llegaran mis deseos de que, cuando pasen unos años, puedas contar esta experiencia como una anécdota de tu vida. Que tus nietos te digan: “Ya está aquí el abuelo otra vez contando la batallita de cuando estuvo en el hospital”

Mi querido compañero, quiero volver a verte bajar a nuestro departamento con tu calma habitual y con ese hablar pausado (que tanto admiro, yo que hablo tan atropelladamente).  Quiero que me vuelvas a regalar esa sonrisa tuya tan bonita y tan sincera. Quiero volver a adivinar si me estás hablando en serio o me estás tomando el pelo.

Mi querido compañero sabes que todos te queremos y que sin ti, nos falta algo, así que ¡ponte las pilas, revoluciona tu cuerpo y que le plante cara a todo ese sufrimiento que no te mereces!


Con permiso de todos mis amigos del blog, hoy te mando a ti solo el abrazo más grande del mundo. 

3 comentarios:

  1. Él no quiso despedirse con un beso, simplemente con un hasta pronto, ya que su actitud y su optimismo así se lo decían.

    Comparto todo tú blog Alicia, una persona que con su presencia transmite una tranquilidad y que cuando lo hemos necesitado no a dudado en arremangarse y ayudarnos.

    Todo mi apoyo espiritual para él, esperando tenerlo pronto con nosotros. Un beso grande a nuestros dos compañeros

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  2. Un recuerdo para nuestros compañeros que han sido intervenidos y emocionantes palabras para el que tardará un poquito más en recuperarse. Cierto es que toda intervención quirúrgica tiene su importancia y peligro pero las hay que aparte son angustiosas, porque parte de una premisa que es la peculiaridad del tema. Estoy segura que nuestro querido compañero, con su tranquilidad aparente y su saber hacer, le plantará cara al posoperatorio y volverá, a su debido tiempo, a ofrecernos su compañía y su sonrisa. No tengas prisa aquí estaremos. Alicia, sin dudarlo tienes todo mi permiso para que hoy el abrazo sea exclusivo, es más, si me lo permites sumo el mío para que, si cabe, tenga toda la fuerza de sus compañeros. Todo nuestro cariño y fuerza para ti. 😘😘

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  3. Gracias amigas por vuestros comentarios, seguro que le está llegando la energía de todos.

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